
Una oportunidad que llevamos demasiado tiempo discutiendo
Hace poco leí en Incaribe Media un artículo sobre el potencial del turismo náutico en República Dominicana y volví a una pregunta que considero cada vez más necesaria: ¿por qué seguimos teniendo el mar como uno de nuestros mayores activos turísticos y económicos, pero todavía no hemos construido alrededor de él una industria náutica a la altura de nuestro potencial?
La pregunta no es menor. Mucho menos para un país que acaba de superar nuevamente sus propios récords turísticos y que ya recibe millones de visitantes por vía marítima.
Lo más preocupante es que esta conversación no es nueva. El proyecto de Ley que Regula el Turismo Náutico de Recreo lleva varios años en el Congreso Nacional. El Senado registra una iniciativa que fue aprobada en segunda discusión el 4 de septiembre de 2024 y posteriormente aparecen nuevas actuaciones legislativas relacionadas con este proyecto. En septiembre de 2025, el propio Senado volvió a registrar el “Proyecto de Ley que Regula el Turismo Náutico de Recreo” entre las iniciativas aprobadas.
Es decir, llevamos años hablando de la necesidad de ordenar e incentivar esta actividad, pero todavía no tenemos una ley promulgada que permita establecer definitivamente las reglas del juego.
Y creo que ya es momento de decirlo con claridad: el turismo náutico necesita una ley y debería ser una prioridad nacional.
El turismo dominicano ya tiene los números para justificarla
No estamos proponiendo desarrollar una industria sobre una expectativa. Los números del turismo dominicano demuestran que el país tiene una demanda y una infraestructura turística suficientemente grandes para dar el siguiente paso.
En los primeros siete meses de 2026, República Dominicana recibió 7,700,118 visitantes, la cifra más alta registrada para ese período. Esto representa un crecimiento de 7 % frente a 2025, de 10.4 % respecto a 2024 y de 69.6 % frente a 2019. De ese total, 5,885,259 turistas llegaron por vía aérea y 1,814,859 por vía marítima.
El dato marítimo debería llamarnos especialmente la atención.
Casi 1.8 millones de visitantes llegaron por mar en apenas siete meses.
En 2025 la tendencia ya era contundente. El país recibió 11,676,901 visitantes durante todo el año, incluyendo 2,815,732 cruceristas, un crecimiento de 6 % frente a 2024 y de 114.6 % respecto a 2022.
Entonces la pregunta ya no debería ser si el mar tiene potencial turístico.
Los números han respondido esa pregunta.
La verdadera pregunta es: ¿qué estamos haciendo para aprovechar mucho más ese potencial?
Del turismo que llega por el mar al turismo que vive el mar
Aquí es donde debemos diferenciar el turismo de cruceros del turismo náutico.
El crecimiento de los cruceros es una extraordinaria noticia para República Dominicana. Pero recibir grandes barcos con miles de pasajeros es solamente una parte de la economía marítima que podemos desarrollar.
El turismo náutico abre una conversación mucho más amplia: yates, veleros, catamaranes, pesca deportiva, buceo, excursiones privadas, alquiler de embarcaciones, navegación recreativa, marinas, servicios de reparación, mantenimiento, almacenamiento, combustible y toda la cadena de proveedores que existe alrededor de una embarcación.
El proyecto de ley precisamente plantea crear un marco para regular esta actividad y estimular una oferta turística complementaria vinculada al turismo náutico de recreo. Documentos legislativos incluso destacan que el incremento de la circulación de embarcaciones de recreo y deportivas, tanto de tránsito como locales, viene aumentando de manera constante.
Esto es importante porque el turismo náutico no debería verse simplemente como una actividad para quienes poseen un yate.
Es una industria.
El verdadero negocio está alrededor de la embarcación
Cuando hablamos de turismo náutico solemos pensar en el barco, pero el verdadero impacto económico está en todo lo que ocurre alrededor de él.
Una embarcación que llega a República Dominicana necesita una marina. Puede necesitar combustible, mantenimiento, limpieza, seguridad, reparación o repuestos. Sus ocupantes consumen alimentos, visitan restaurantes, utilizan transporte, contratan excursiones, practican deportes y pueden alojarse en hoteles.
Si hablamos del propietario de una embarcación, la cadena económica puede ser todavía mayor.
Necesita técnicos especializados, mecánicos, servicios de almacenamiento, seguros, proveedores de piezas y personal capacitado.
Por eso una política nacional de turismo náutico tiene el potencial de crear empleos que van mucho más allá del sector hotelero.
Puede generar oportunidades para ingenieros, mecánicos, capitanes, operadores turísticos, técnicos, marineros, empresas de mantenimiento, restaurantes, transportistas, desarrolladores inmobiliarios y una larga lista de pequeños y medianos negocios.
En un país que busca seguir diversificando su economía turística, esto debería ser suficiente razón para prestar mucha más atención al sector.
Una oportunidad también para el turismo inmobiliario
Hay otra dimensión que considero especialmente importante: el turismo náutico puede convertirse en un nuevo motor del turismo inmobiliario dominicano.
Hace poco, a raíz del artículo que leí en Incaribe Media, pensaba precisamente en la cantidad de proyectos que podrían desarrollarse alrededor de marinas bien concebidas.
Una marina no es simplemente un lugar donde se estacionan barcos. Puede convertirse en el corazón de un destino donde convivan hoteles, restaurantes, comercios, clubes, servicios turísticos, entretenimiento y proyectos residenciales.
Y esto cambia completamente el concepto de una propiedad frente al mar.
Una residencia ubicada frente a una playa tiene un atractivo evidente. Pero una residencia integrada a una marina, con acceso directo a una embarcación, servicios náuticos, restaurantes, actividades deportivas y rutas hacia otros destinos del Caribe, ofrece una experiencia inmobiliaria completamente diferente.
República Dominicana ya tiene ejemplos de este modelo.
Cap Cana ha demostrado cómo pueden integrarse el turismo de lujo, el deporte, el desarrollo inmobiliario y la actividad marítima. Casa de Campo y La Romana tienen una tradición náutica reconocida. Samaná tiene condiciones naturales extraordinarias. Puerto Plata está aumentando su relevancia como destino marítimo y de cruceros. Y
Pedernales tiene la oportunidad de incorporar una visión náutica desde las primeras etapas de su desarrollo turístico.
No necesitamos inventar el producto.
Necesitamos organizarlo y escalarlo.
Tenemos una posición privilegiada en el Caribe
La República Dominicana tiene una ventaja geográfica que no podemos seguir viendo como algo anecdótico.
Estamos en el centro del Caribe, próximos a importantes rutas marítimas y rodeados de un litoral con múltiples destinos y ecosistemas.
Un documento legislativo sobre turismo náutico señala precisamente que la ubicación geográfica del país es idónea para el desarrollo de esta actividad, por encontrarse en una posición estratégica respecto de las principales áreas de turismo náutico del Caribe.
A eso debemos agregar algo que muchos otros destinos no pueden construir fácilmente: una industria turística madura.
Tenemos aeropuertos internacionales, hoteles, carreteras, puertos, marinas, restaurantes, campos de golf, proyectos residenciales y una marca turística reconocida mundialmente.
Tenemos la infraestructura terrestre para acompañar la experiencia marítima.
Lo que nos falta es conectar ambas cosas.
¿Cuánto dinero estamos dejando sobre la mesa?
Aquí aparece uno de los datos más interesantes de toda esta discusión.
Durante el proceso de análisis del proyecto de turismo náutico, representantes del Senado señalaron que el país podría estar dejando de percibir alrededor de US$300 millones anuales por la falta de una legislación que incentive adecuadamente esta actividad.
Más allá de que esa estimación corresponda a un momento específico y de que hoy tendría que actualizarse, el dato permite dimensionar la discusión.
Porque si hace varios años se hablaba de una oportunidad de cientos de millones de dólares, ¿cuánto puede representar ahora, después de que República Dominicana haya pasado a recibir más de 11.6 millones de visitantes anuales y casi tres millones de cruceristas?
La oportunidad probablemente es mucho mayor.
Y mientras seguimos discutiendo, otros destinos continúan desarrollando sus marinas, servicios y productos especializados.
El Caribe no nos va a esperar
Bahamas, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Antigua y otros destinos caribeños han entendido desde hace años que el visitante náutico puede convertirse en un consumidor de alto valor.
La competencia no consiste únicamente en quién tiene la playa más bonita.
También compiten las marinas, los servicios, los trámites migratorios y aduanales, la seguridad, el mantenimiento, los amarres, los combustibles, la oferta gastronómica, las excursiones y la facilidad con la que una embarcación puede entrar y permanecer en el país.
Un propietario de un yate puede elegir entre múltiples destinos.
La pregunta es por qué debería elegir República Dominicana.
Tenemos muchas respuestas positivas: clima, ubicación, infraestructura turística, conectividad aérea, gastronomía, naturaleza y una amplia oferta hotelera.
Pero también tenemos que resolver las respuestas institucionales.
Si queremos ser competitivos, entrar al país con una embarcación debe ser sencillo. Registrarla debe ser sencillo.
Obtener permisos debe ser sencillo. Contratar servicios debe ser sencillo.
La burocracia también compite.
La ley debe ser el inicio, no el final
Por eso considero que aprobar la Ley de Turismo Náutico es solamente el primer paso.
Después tendrá que venir una estrategia nacional.
Necesitamos identificar nuestros principales destinos náuticos, determinar qué marinas requieren expansión, establecer incentivos para nuevas inversiones, desarrollar formación técnica y profesional, fortalecer los servicios de mantenimiento y reparación y crear mecanismos que permitan atraer embarcaciones extranjeras.
También necesitamos una verdadera coordinación institucional.
El turismo náutico involucra a Turismo, Armada, Autoridad Portuaria, Aduanas, Medio Ambiente y otras entidades.
El propio proceso legislativo ha involucrado a varias instituciones precisamente por la naturaleza transversal de esta actividad.
No podemos permitir que el visitante tenga que recorrer diferentes oficinas para completar procesos que en otros destinos pueden resolverse de manera mucho más eficiente.
La competitividad turística del futuro también será digital, institucional y regulatoria.
Y el desarrollo debe ser sostenible
Tampoco podemos hablar de turismo náutico sin hablar de sostenibilidad.
Nuestro principal activo es el mar.
Los arrecifes, manglares, corales, playas y ecosistemas costeros forman parte del producto que queremos vender.
Por eso la legislación y sus reglamentos deben establecer reglas claras sobre fondeo, residuos, combustibles, protección de áreas sensibles, navegación y manejo responsable de las actividades marítimas.
No tendría sentido desarrollar una industria que termine deteriorando el recurso que la hace posible.
El objetivo debe ser crear una industria náutica competitiva, rentable y sostenible.
El momento de actuar es ahora
República Dominicana ya no necesita demostrar que puede ser una potencia turística. Los números hablan solos.
En 2025 recibimos 11.67 millones de visitantes. En los primeros siete meses de 2026 ya habíamos alcanzado 7.7 millones. Y dentro de ese flujo, el componente marítimo representa millones de visitantes.
La pregunta ahora es qué hacemos con esa posición.
Podemos continuar creciendo alrededor del modelo turístico que ya conocemos o podemos comenzar a construir los nuevos segmentos que sostendrán el crecimiento durante las próximas décadas.
El turismo náutico debería estar entre ellos.
Hace poco, al leer nuevamente sobre este tema en Incaribe Media, pensé que quizás estamos frente a una de esas oportunidades que tenemos literalmente delante de nosotros y que, por estar acostumbrados a verla, no terminamos de valorar.
Tenemos el mar.
Tenemos los turistas.
Tenemos puertos.
Tenemos marinas.
Tenemos hoteles.
Tenemos inversión inmobiliaria.
Tenemos destinos de lujo.
Tenemos conectividad.
Tenemos una ubicación privilegiada.
Lo que necesitamos es una legislación que termine de ordenar el sector y una estrategia nacional que permita convertir todas esas piezas en una verdadera industria.
Por eso creo que la discusión no debería ser si República Dominicana necesita una Ley de Turismo Náutico.
La pregunta debería ser por qué todavía no la hemos convertido en una realidad.
Nuestro país ha pasado décadas construyendo una potencia turística mirando hacia las playas. Ahora debemos dar el siguiente paso y mirar hacia el mar que tenemos enfrente.
El turismo náutico puede generar empleos, atraer inversión, fortalecer las comunidades costeras, desarrollar nuevas empresas, impulsar el turismo inmobiliario y aumentar el valor de nuestra oferta turística.
Pero necesitamos actuar.
República Dominicana no puede seguir mirando el mar desde la orilla.
Por Joan G. Feliz
Director Comercial de Constructora Incaribe, especialista en turismo inmobiliario, inversión y desarrollo del sector construcción.



