
EL NUEVO DIARIO, REDACCION DIGITAL. -Una declaración, registros de geolocalización y un contacto guardado como “Escolta del senador” forman parte de la línea investigativa sobre cómo la estructura criminal habría anticipado los movimientos del dirigente político
La investigación por el asesinato del senador y precandidato presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay mantiene abierta una de sus líneas más delicadas: la posible filtración de información desde su propio esquema de seguridad.
Documentos e informes periciales incorporados al expediente señalan que, apenas un mes y medio después del atentado ocurrido el 7 de junio de 2025, la Fiscalía recibió información sobre una presunta fuga de datos desde el círculo de protección del dirigente, que habría permitido a la organización criminal conocer con precisión sus movimientos.
La pista surgió a partir de la declaración de Eduardo Jesús Moreno Medina, alias “Churco”, quien era menor de edad al momento de los hechos y cuya identidad aparece ahora vinculada públicamente a esta investigación.
Según su testimonio, Elder José Arteaga Hernández, alias “Chipi” o “El Costeño”, condenado a 26 años y tres meses por su participación en el magnicidio, presumía de contar con contactos que le suministraban información directamente relacionada con los desplazamientos del senador.
Un contacto identificado como “Escolta del senador”
Entre los elementos que llamaron la atención de los investigadores figura un número telefónico que, según la declaración de “Churco”, estaba almacenado en el teléfono de “Chipi” con el nombre “Escolta del senador”.
El menor aseguró que, a finales de mayo de 2025, presenció una llamada realizada a través de WhatsApp desde ese contacto. La conversación duró apenas unos segundos y, según su relato, una voz masculina respondió: “hay manifestaciones”, antes de finalizar la comunicación.
Para los investigadores, determinar quién utilizaba ese número y qué tipo de información pudo haber entregado constituye una pieza clave para establecer si existió una infiltración dentro del esquema de protección.
La declaración también sostiene que la organización conocía datos específicos sobre Uribe Turbay, entre ellos su residencia, el vehículo Toyota TXL en el que se movilizaba y las rutas que acostumbraba a utilizar.
Seguimiento antes del atentado
La investigación encontró además indicios de que la estructura criminal habría seguido los movimientos del político desde meses antes del ataque.
En el teléfono entregado por “Churco” fue localizada una fotografía de Miguel Uribe tomada durante un evento público y fechada el 29 de mayo de 2025, pocos días antes del atentado.
Los investigadores también analizaron registros de antenas de telefonía. Uno de los teléfonos atribuidos a Simeón Pérez Marroquín, alias “El Viejo” o “La Firma”, registró actividad en la zona de Bosa el 30 de marzo de 2025, coincidiendo con una actividad política en la que participaba Uribe.
El dispositivo permaneció conectado a una antena del sector entre las 8:52 de la mañana y las 11:33, mientras se desarrollaba el evento. Otra línea telefónica presentó conexiones en la misma zona y con diferencias de apenas segundos.
Estos elementos, junto con la fotografía encontrada en el celular de “Churco”, son analizados como posibles señales de una labor de seguimiento previa al crimen.
La organización habría contemplado distintos métodos
La hipótesis investigativa apunta a que los responsables no dependían de un único plan para atacar al senador.
Según la reconstrucción del expediente, el 3 de junio de 2025, cuatro días antes del atentado, se habría intentado ejecutar un ataque utilizando un artefacto explosivo improvisado contra la camioneta de Uribe Turbay.
El plan no se concretó. Posteriormente, la estructura habría cambiado de método y recurrió a un ataque con arma de fuego.
Para ejecutar esta segunda operación fue reclutado un menor de 15 años, identificado con las iniciales JCSR, alias “Tianz”, a quien, según el expediente, le ofrecieron 20 millones de pesos.
Un día antes del atentado también quedaron registrados movimientos que los investigadores consideran relevantes. Los teléfonos de “El Viejo” y Katherine Andrea Martínez, alias “Gabriela” o “Andrea”, coincidieron en distintos puntos de Bogotá.
De acuerdo con la investigación, durante ese periodo “El Viejo” habría entregado a Martínez una pistola Glock 19 calibre 9 milímetros, que posteriormente habría llegado a manos del menor señalado de ejecutar el ataque.
Dos encuentros bajo la lupa
Otra pieza de la investigación está relacionada con registros de antenas que, según información incorporada al expediente, permitirían ubicar posibles encuentros entre dos escoltas asignados a Miguel Uribe y “El Viejo”, señalado como uno de los principales enlaces de la operación criminal.
El primero habría ocurrido el 29 de enero de 2025 en Modelia, en el occidente de Bogotá, precisamente en una zona que posteriormente quedaría relacionada con el atentado.
La segunda coincidencia se habría registrado a comienzos de abril, en las inmediaciones del Congreso, cuando el precandidato se encontraba en Cali.
Los investigadores buscan determinar si estas coincidencias corresponden a encuentros reales y, en caso afirmativo, establecer qué relación existía entre los involucrados y qué información pudo haberse intercambiado.
Una investigación que aún no tiene conclusión definitiva
La Fiscalía mantiene esta hipótesis como una línea de investigación y, hasta el momento, no existe una conclusión jurídica definitiva que establezca la responsabilidad de los escoltas señalados.
Las propias fuentes de la Fiscalía citadas en el material advierten que cualquier conclusión debe estar respaldada por evidencia y que las autoridades han desarrollado distintas actividades de policía judicial para esclarecer los hechos.
La investigación también ha puesto bajo escrutinio lo ocurrido después del atentado. Según el expediente, dos escoltas que estaban bajo sospecha continuaron asignados a la protección de María Claudia Tarazona, viuda de Miguel Uribe.
Tras las recientes revelaciones de la Fiscalía, Tarazona confirmó que su esquema de seguridad fue reemplazado completamente y agradeció públicamente a los agentes de la Policía Nacional y de la Unidad Nacional de Protección que la acompañaron.
Mientras avanzan las pesquisas, la gran incógnita permanece abierta: ¿cómo logró la estructura criminal conocer con tanta precisión los movimientos de Miguel Uribe Turbay y hasta qué punto pudo haber penetrado su esquema de seguridad?
La respuesta podría ser determinante para reconstruir la cadena completa detrás del magnicidio y establecer no solo quiénes ejecutaron el ataque, sino también quiénes facilitaron información para hacerlo posible.



