Programa recorrerá las 32 provincias para convertir leyes en conocimiento útil
La Ruta por la Ciudadanía, que inició en Dajabón y continuará cada lunes y viernes hasta diciembre, tuvo su segunda parada en Nagua. La iniciativa busca que los ciudadanos comprendan el nuevo Código Penal y sepan cómo ejercer sus derechos.
Durante buena parte de nuestra historia administrativa hemos construido un Estado preparado para hablar, informar, reglamentar y decidir. Mucho menos frecuente ha sido diseñarlo para escuchar. La Ruta por la Ciudadanía, que comenzó en Dajabón y que cada lunes y viernes hasta diciembre recorrerá las 32 provincias, busca cambiar esa realidad. Nagua fue la segunda parada de este recorrido que prioriza el diálogo con ciudadanos, dirigentes comunitarios y representantes de instituciones.
La metodología fue concebida para evitar que el recorrido se convierta en una sucesión de conferencias. Hay contenidos comunes, facilitadores, situaciones prácticas, tarjetones pedagógicos, conversatorios, instituciones públicas, alcaldías, mesas comunitarias, juntas de vecinos y organizaciones sociales; además de transmisión por streaming, recursos digitales y continuidad formativa. Detrás de cada componente existe una misma pregunta: ¿cómo conseguimos que una ley técnicamente compleja pueda convertirse en conocimiento útil para una persona que necesita ejercer un derecho?
Por eso no se comienza pidiendo memorizar artículos y penas. Se comienza por la vida: una amenaza, una posible estafa, una fotografía privada difundida sin consentimiento, un conflicto familiar, una situación que quizá constituya una infracción o quizá requiera más información antes de afirmarlo. Después se llega a la norma. La secuencia —reconocer, proteger, conservar, orientarse y actuar— busca transformar información jurídica en capacidad ciudadana. Una enseñanza democrática clave es que denunciar no equivale a condenar.
Pero Nagua confirmó que la educación ciudadana tampoco puede funcionar en una sola dirección. Si convocamos a una junta de vecinos, una mesa comunitaria, una alcaldía, una organización social o un ciudadano y utilizamos el encuentro únicamente para transmitirles lo que las instituciones ya saben, estaremos desaprovechando una extraordinaria fuente de conocimiento. Quien vive en una comunidad sabe qué problemas se repiten, qué institución responde, dónde aparece la confusión, qué procedimiento resulta incomprensible y cuántas puertas.



