Iniciativa busca que autoridades experimenten en carne propia las deficiencias que afectan a los ciudadanos
Un planteamiento que incomodará a más de uno propone que los altos funcionarios utilicen periódicamente, sin protocolo ni avisos, los servicios públicos que administran. La idea surge en un contexto donde la distancia entre las oficinas con aire acondicionado y la calle marca la diferencia.
La propuesta sugiere que los responsables de áreas como salud lleguen de manera inesperada a un hospital público, hagan el recorrido de cualquier paciente y comprueben personalmente cuánto esperan, cómo los reciben, si aparecen los medicamentos y cuáles dificultades enfrentan. También que los funcionarios realicen sus propios trámites sin llamar al director, sin identificarse previamente y sin escuchar la frase 'Déjeme resolverle eso'.
El autor plantea que una cosa es recibir un informe diciendo que un trámite tarda tres horas y otra muy distinta es perder tres horas de tu propia vida esperando. Asimismo, propone ver funcionarios recorriendo sectores sin comitivas, sin vehículos oficiales y sin decenas de personas preparando el escenario, porque caminar por una acera destruida enseña más que observarla desde una fotografía.
No se propone que un funcionario no pueda pagar un servicio privado con su dinero, pues ese es su derecho. Se habla de algo diferente: quien administra servicios destinados a millones de dominicanos debería conocer periódicamente, en carne propia, la realidad que esos ciudadanos viven. Se podrían crear jornadas de experiencia ciudadana para los principales funcionarios públicos, quienes cada cierto tiempo tendrían que utilizar sin previo aviso algunos de los servicios bajo su responsabilidad y posteriormente publicar qué encontraron, qué falló y qué ordenaron corregir.
El peligro enorme cuando el poder comienza a aislar a quienes lo ejercen es que todo puede parecer extraordinario dentro de una oficina con aire acondicionado, pero la calle cuenta otra historia. Gobernar no debería consistir solamente en conocer los problemas mediante documentos; también hay que mirarlos, tocarlos y, algunas veces, padecerlos. Quizás así se descubra que ciertos trámites pueden simplificarse, que algunas filas son innecesarias, que ciertos hospitales necesitan respuestas inmediatas o que pequeñas situaciones ignoradas durante años representan enormes problemas para la gente. El poder público necesita menos burbujas y más realidad.


