Análisis de servicio: el cambio geopolítico regional y su efecto en la política exterior dominicana
América Latina vive una reconfiguración política donde la nueva derecha se alinea incondicionalmente con Israel, y República Dominicana, bajo Luis Abinader, muestra un acercamiento sin precedentes a posiciones de Israel y Estados Unidos en foros internacionales, como la abstención en la ONU.
América Latina atraviesa una profunda reconfiguración de sus fuerzas políticas. El viejo consenso de la diplomacia pragmática y la tradicional búsqueda de neutralidad frente a los conflictos de Medio Oriente está siendo desmantelado. Hoy, la emergencia de una «nueva derecha» no solo se define por sus políticas de shock económico o su discurso de mano dura en seguridad; se define, de manera cada vez más explícita, por un alineamiento doctrinal e incondicional con el sionismo y el Estado de Israel. Esta diplomacia de la fe y el orden no es un hecho aislado, sino un fenómeno geopolítico coordinado que abarca desde el Cono Sur hasta el Caribe, transformando las relaciones exteriores de la región en tablero de polarización ideológica.
En Argentina, Javier Milei encarna esta mutación doctrinal. A diferencia de las derechas tradicionales que mantenían lazos comerciales discretos, Milei ha convertido el apoyo a Israel en causa metafísica y personal. Sus visitas a Jerusalén, sus declaraciones de alineamiento automático con los sectores más radicales del gobierno israelí y la ruptura con la histórica tradición de equilibrio de la cancillería argentina demuestran que para la nueva derecha el sionismo opera como validador ideológico frente a Occidente y las fuerzas que denominan «globalistas».
En Colombia, el triunfo del abogado de derecha radical Abelardo de la Espriella, declarado admirador de Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele, marca el inicio del fin del ciclo progresista de Gustavo Petro. Frente a la decisión de Petro de romper lazos con Tel Aviv, la insurgencia de esta nueva derecha adopta la defensa incondicional del Estado de Israel no como crítica de oposición, sino como pilar doctrinal identitario. De consolidarse su victoria en el balotaje, Bogotá pasará de liderar el activismo pro-palestino en la región a convertirse en bastión del ala pro-sionista más dura del continente.
El fenómeno se alimenta de la enorme influencia de Nayib Bukele en El Salvador. Aunque el mandatario salvadoreño ha construido un discurso de soberanía y rechazo a las directrices de los organismos multilaterales occidentales, la corriente continental que busca replicar su modelo de mano dura y control absoluto del orden público encuentra un vaso comunicante directo con el aparato de inteligencia y defensa militar israelí. La fascinación de la nueva derecha latinoamericana por el control tecnológico e informático de las poblaciones —núcleo del éxito de Bukele— justifica el estrechamiento de lazos con el sionismo bajo la narrativa del combate global al terrorismo. Para República Dominicana, bajo Luis Abinader, este giro es revelador: un gobierno de plataforma socialdemócrata cuya política exterior ha mostrado un acercamiento sin precedentes hacia las posiciones de Israel y Estados Unidos en los foros internacionales, ejemplo de ello la abstención dominicana en la histórica votación de la Asamblea General de la ONU para apoyar la integridad territorial de Ucrania.



