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Trump y Xi se sientan a dialogar: lo que este gesto significa para los dominicanos

La diplomacia del interés también marca el rumbo de los países pequeños

Los presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping, sostuvieron un encuentro en Washington que proyecta disposición al diálogo y respeto mutuo, un mensaje que trasciende a las grandes potencias y que los países pequeños y medianos deben observar con atención.

El mundo acaba de contemplar una imagen cargada de esperanza: Donald Trump y Xi Jinping, líderes de las dos mayores potencias económicas del planeta, sentados frente a frente en Washington, mostrando disposición al diálogo, respeto mutuo y voluntad de encontrar puntos de entendimiento. Más allá de sus diferencias, el tono de camaradería y las mejores intenciones expresadas por ambos presidentes proyectan un mensaje positivo: cuando los grandes líderes deciden conversar y buscar acuerdos, la diplomacia puede convertirse en un instrumento de estabilidad, cooperación y prosperidad para el mundo.

El encuentro entre Washington y Beijing tiene una importancia que trasciende sus protagonistas. Estados Unidos y China mantienen diferencias marcadas en materia comercial, tecnológica y geopolítica, incluyendo asuntos como la inteligencia artificial, Taiwán e Irán. Sin embargo, ambos gobiernos parecen comprender que mantener abiertos los canales de comunicación es mucho más conveniente que permitir que la competencia termine convirtiéndose en confrontación. Ese es precisamente uno de los grandes valores de la diplomacia: crear espacios donde las diferencias puedan administrarse y los intereses comunes encuentren caminos de entendimiento.

Trump y Xi no tienen que pensar igual para negociar. Tampoco necesitan abandonar sus posiciones nacionales. El pragmatismo consiste precisamente en defender los intereses propios y, al mismo tiempo, identificar aquellos puntos donde la cooperación puede producir beneficios para ambas partes. Esa realidad debería ser observada con especial atención por los países pequeños y medianos.

En ese contexto adquiere especial significado el reciente discurso del presidente Luis Abinader ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su llamado a la comunidad internacional para pasar de las decisiones a la acción frente a la crisis haitiana refleja una diplomacia que procura colocar el interés dominicano en el centro de la conversación internacional. Abinader reclamó mayores recursos, tropas y cumplimiento del embargo de armas, mientras recordó que República Dominicana ya ha hecho su parte. La coincidencia es evidente: las grandes potencias negocian para proteger sus intereses; los países pequeños también deben hacerlo, utilizando las herramientas que tienen a su alcance. La diplomacia del siglo XXI exige menos consignas y más capacidad de negociación. Exige firmeza, pero también inteligencia; principios, pero también pragmatismo; identidad nacional, pero sin aislamiento. El mundo necesita líderes capaces de sentarse frente a sus adversarios sin convertir las diferencias en enemistades permanentes. Ese es el camino para transformar las diferencias en oportunidades de cooperación y construir un orden internacional más estable, previsible y favorable para todos.

El Biran

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