NacionalOpinión

Maltrato laboral de empresas extranjeras en República Dominicana.

La explotación y desvalorización de la mano de obra dominicana por parte del empresariado chino.

 

Artículo de Opinión:

Basta de maltratar la dominicanidad laboral.

ELBIRAN.COM

Las recientes declaraciones del abogado Ramón Peralta, afirmando que “a los dominicanos no les gusta trabajar”, no son solo desafortunadas palabras: son un reflejo de una mentalidad que desde hace años permea algunos sectores del empresariado chino en la República Dominicana. No se trata de un malentendido aislado; se trata de un patrón de desprecio hacia la mano de obra dominicana que ya ha dejado heridas profundas en quienes día a día levantan la economía del país con su esfuerzo.

La disculpa pública ofrecida por Peralta y los intentos de la representante Jessica Peng de suavizar la polémica no pueden ocultar la realidad: muchas empresas chinas han convertido la explotación, los salarios bajos, la deshumanización y la desvalorización del trabajador local en una práctica común. La dominicanidad laboral no es un recurso reemplazable ni un simple engranaje de su maquinaria de negocios; es talento, es compromiso, es dignidad.

Es inadmisible que, bajo la bandera de la inversión extranjera, se normalice el trato despectivo hacia los trabajadores dominicanos. No se trata solo de cumplir con la ley: se trata de respeto, justicia y reconocimiento. Nadie puede permitirse pisotear la integridad de un pueblo que construye con sus manos la riqueza que luego se apropian quienes solo buscan ganancias.

El empresariado chino que azota la dignidad de los dominicanos debe comprender que la cooperación no puede basarse en desprecios ni en estereotipos. Los trabajadores dominicanos no son vagos ni flojos: son responsables, capaces y merecen respeto. Las autoridades del país deben ejercer control firme para que ninguna empresa, extranjera o local, normalice el maltrato laboral.

Es hora de que la República Dominicana defienda a sus trabajadores. La mano de obra dominicana no es mercancía; es orgullo, es esfuerzo y es esencia de nuestra nación. Cualquier intento de subestimar, explotar o humillar a un dominicano debe ser denunciado, sancionado y erradicado. La dominicanidad laboral no se negocia ni se vende: se respeta.

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