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DECRETO 013-2026: TRANSPARENCIA, PODER Y CONFIANZA DEMOCRÁTICA

CÓMO EL DÉFICIT DE COMUNICACIÓN OFICIAL EROSIONA LA INSTITUCIONALIDAD Y LA CREDIBILIDAD DEL ESTADO.

 

DECRETO 013

DECRETO 013-2026: CUANDO LA FORMA TAMBIÉN ES FONDO

SUBTEMA: EL COSTO INSTITUCIONAL DEL SECRETISMO Y LA NECESIDAD DE TRANSPARENCIA EN LA GESTIÓN PÚBLICA.

En una democracia moderna, no solo importa qué se decide desde el poder, sino cómo, cuándo y con qué nivel de claridad se comunica a la ciudadanía. En ese contexto, el denominado Decreto 013-2026 ha generado más interrogantes que certezas, no necesariamente por su contenido —aún poco explicado— sino por el manejo institucional y comunicacional que lo rodea.

El Estado no puede gobernar eficazmente desde el silencio administrativo ni desde la ambigüedad. Cuando una disposición oficial despierta inquietud pública, rumores y lecturas encontradas, el problema no siempre está en la norma en sí, sino en la ausencia de pedagogía gubernamental, una herramienta esencial en cualquier sistema democrático.

Desde una perspectiva instrumental, todo decreto debe cumplir tres principios básicos:

legalidad, finalidad pública clara y transparencia. Cuando uno de estos elementos falla, el impacto negativo no se limita a la medida concreta, sino que erosiona la confianza ciudadana, debilita la institucionalidad y abre espacio a la especulación política y mediática.

El Decreto 013-2026, más allá de sus intenciones, ha sido percibido como un acto poco socializado, lo que contradice los estándares de un gobierno que se ha definido —al menos en el discurso— como promotor de la apertura, la rendición de cuentas y el fortalecimiento democrático. Gobernar no es solo firmar decretos; es explicar, escuchar y corregir cuando sea necesario.

Resulta preocupante que decisiones de impacto público no vengan acompañadas de explicaciones oportunas, informes técnicos accesibles o vocerías claras. Ese vacío suele ser llenado por la desinformación, el oportunismo político y la polarización innecesaria, afectando incluso medidas que podrían ser positivas si se explicaran correctamente.

Una crítica responsable no exige derogar ni condenar automáticamente, sino reclamar mejores prácticas. El país necesita menos decretos envueltos en secretismo y más decisiones construidas con transparencia, diálogo institucional y respeto al derecho ciudadano a entender cómo y por qué se gobierna.

Si el Decreto 013-2026 responde a un interés público legítimo, el camino correcto es abrirlo al escrutinio, explicar su alcance y demostrar su coherencia con el marco legal y constitucional. La fortaleza de un gobierno no se mide por su capacidad de imponer decisiones, sino por su disposición a someterlas a la luz pública.

En democracia, la confianza no se decreta: se construye.

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