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La clase media paga cada vez más, pero vive peor

La clase media paga cada vez más, pero vive peor
La clase media paga cada vez más, pero vive peor

Durante años se nos ha repetido que la economía dominicana crece, que los indicadores macroeconómicos son positivos y que el país avanza.

La clase media paga cada vez más, pero vive peor

Sin embargo, basta conversar con cualquier profesional, pequeño empresario o familia trabajadora para descubrir una realidad muy distinta: la clase media dominicana está cada vez más agotada, endeudada y frustrada.

Hoy, en República Dominicana, trabajar formalmente parece haberse convertido en un castigo silencioso.

Mientras los salarios permanecen prácticamente estancados frente al aumento del costo de la vida, el peso de los impuestos recae cada vez con más fuerza sobre quienes producen, emprenden y sostienen la economía.

Uno de los ejemplos más evidentes es el Impuesto Sobre la Renta (ISR), cuya escala lleva años sin ser indexada adecuadamente a la inflación.

En otras palabras, aunque el dinero vale menos y todo cuesta más, el Estado continúa cobrando impuestos como si el poder adquisitivo de los ciudadanos fuera el mismo de hace años.

Pero la presión no solo afecta a los trabajadores.

También golpea con fuerza a miles de pequeñas y medianas empresas que intentan sobrevivir en medio de una economía cada vez más costosa.

A esto se suma una de las cargas más cuestionadas por el sector productivo: el anticipo del Impuesto Sobre la Renta que deben pagar las empresas a la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

Miles de negocios deben realizar pagos adelantados basados en los resultados o ingresos del año anterior, aun cuando las condiciones económicas de la empresa hayan cambiado drásticamente.

Esto significa que una empresa puede estar vendiendo menos, enfrentando mayores costos o incluso operando con márgenes mínimos y, aun así, debe seguir pagando impuestos calculados sobre una realidad pasada en donde obtenía mayores beneficios.

Para muchas micro, pequeñas y medianas empresas, este mecanismo representa una presión constante sobre su flujo de caja.

Limita la capacidad de reinversión, dificulta la contratación de nuevos empleados y reduce la competitividad.

En un contexto de desaceleración económica y aumento de costos operativos, numerosos empresarios sienten que trabajan para sostener el negocio y, al mismo tiempo, para adelantar impuestos sobre ingresos que todavía no han generado.

El resultado es devastador para miles de familias.

Personas que antes podían ahorrar hoy apenas sobreviven entre préstamos, tarjetas de crédito y compromisos financieros que crecen mes tras mes.

El salario desaparece antes de terminar la quincena.

A esto se suma el aumento constante en los precios de productos básicos, alquileres, combustibles, educación y servicios.

Tener un empleo ya no garantiza estabilidad económica.

Incluso sectores tradicionalmente considerados parte de la “clase media profesional” comienzan a experimentar una peligrosa sensación de retroceso social.

La salud también se ha convertido en una preocupación creciente.

Los seguros médicos son cada vez más costosos, mientras las coberturas disminuyen y los copagos aumentan.

Enfermarse se ha transformado en un riesgo financiero para muchas familias dominicanas.

Una emergencia médica puede destruir años de esfuerzo y estabilidad económica.

Mientras tanto, miles de jóvenes profesionales observan este panorama con preocupación y comienzan a tomar una decisión silenciosa: emigrar.

Médicos, ingenieros, técnicos, programadores y especialistas buscan oportunidades fuera del país, no necesariamente porque no amen a República Dominicana, sino porque sienten que aquí el esfuerzo ya no garantiza progreso.

La fuga de talento se ha convertido en uno de los problemas menos discutidos y más peligrosos para el futuro nacional.

Un país que pierde a sus jóvenes preparados pierde también innovación, productividad, competitividad y esperanza.

El problema no es únicamente económico; es emocional y social.

La clase media dominicana siente que trabaja más, paga más impuestos y recibe menos.

Siente que el sistema le exige constantemente sacrificios, pero le devuelve incertidumbre, un pésimo sistema de tráfico, servicios deficientes y pocas oportunidades reales de crecimiento.

Y cuando una sociedad comienza a debilitar a su clase media, comienza también a debilitar su estabilidad democrática y su capacidad de desarrollo.

La clase media y las pequeñas empresas son el verdadero motor de cualquier economía.

Cuando los trabajadores pagan más impuestos mientras pierden poder adquisitivo, y las empresas deben adelantar recursos que necesitan para crecer, el resultado es una sociedad que trabaja más, arriesga más y progresa menos.

Porque el verdadero crecimiento económico no se mide solamente en estadísticas.

Se mide en la calidad de vida de su gente.

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