
El excónsul analiza el efecto psicológico en las bandas y el rol logístico dominicano
El excónsul de Haití en República Dominicana, Edwin Paraison, afirmó este viernes que el despliegue de más de 2,000 militares salvadoreños en Haití comienza a generar nerviosismo entre las bandas criminales, un cambio de escenario que impacta la seguridad regional y la operación logística dominicana.
Paraison explicó en el programa El Sol de la Mañana que 'se siente un nerviosismo, se siente que el miedo ha cambiado de campo', al referirse a la movilización ordenada por el presidente Nayib Bukele. Según el excónsul, antes era la población haitiana la que vivía bajo el temor de las pandillas, y ahora la presencia del contingente extranjero genera expectativas de protección.
El despliegue, calificado por Paraison como una demostración de fuerza de un país de la región, no solo incide en la capacidad militar, sino también en el comportamiento de las organizaciones armadas. En ese contexto, mencionó que dirigentes de las bandas han reaccionado públicamente a la desaparición de cuatro técnicos militares salvadoreños el pasado 18 de octubre en las afueras de Puerto Príncipe, y que un vocero criminal intentó distanciarse del incidente atribuyéndolo a otro dirigente.
Paraison insistió en que no hay información concluyente sobre el paradero de los cuatro salvadoreños, aunque reconoció versiones sobre su posible muerte. Consideró fundamental que la intervención salvadoreña se enmarque en el esquema de cooperación internacional para combatir las pandillas y no sea percibida como una operación unilateral, preservando así la aceptación entre sectores de la población haitiana.
República Dominicana sirve como punto de apoyo logístico para el despliegue salvadoreño, facilitando el tránsito de contingentes internacionales, el traslado de equipos militares y las evacuaciones médicas, mientras mantiene su decisión de no participar directamente en los combates en territorio haitiano. Paraison también se refirió a una eventual participación salvadoreña en el mando de la Fuerza de Supresión de Pandillas, tema que podría negociarse en los mecanismos internacionales existentes, donde la misión cuenta con una comandancia militar encabezada por un general de Mongolia y una estructura de apoyo de distintos países.



