BARAHONA. En los barrios del Sur, detrás de cada joven que cae en una banda o en un punto de drogas hay casi siempre una historia que pocas veces se cuenta: la escuela abandonada, el empleo que nunca llegó y la falta de una oportunidad real para salir adelante por la vía legal.
La pobreza no convierte automáticamente a nadie en delincuente. Millones de familias sureñas viven con dignidad y trabajo honrado pese a las dificultades. Pero cuando el desempleo juvenil, la desigualdad y la exclusión se acumulan en un mismo territorio, se crea el terreno que las estructuras criminales aprovechan para reclutar.
El crimen que compite por los jóvenes
Un joven de 19 años que abandonó la escuela y no consigue empleo es el objetivo perfecto para quienes ofrecen dinero rápido a cambio de vigilar una esquina, transportar algo o vender drogas. El crimen termina ofreciendo lo que la economía formal no pudo: un ingreso inmediato.
Organismos como el BID, el FMI y la UNODC han documentado este fenómeno. El BID encontró que un incremento de un punto porcentual del desempleo juvenil está asociado con cerca de 0.34 homicidios adicionales por cada 100,000 habitantes. No es un factor aislado: es la acumulación de pobreza, abandono escolar, armas ilegales e instituciones débiles.
Un problema que también golpea la economía sureña
El crimen no solo nace de la falta de oportunidades: también las destruye. El BID estimó que los costos del crimen y la violencia equivalieron al 3.4 % del PIB de América Latina y el Caribe en 2022. Cuando la delincuencia crece, el comercio cierra más temprano, el empresario deja de invertir y se pierden empleos. En el Sur, donde el turismo y el comercio son motores clave, la seguridad es también un asunto de desarrollo económico.
La prevención que el Sur necesita
Apresar al delincuente es indispensable, pero no basta. Si por cada detenido hay varios jóvenes dispuestos a ocupar su lugar, el negocio criminal simplemente se renueva. La respuesta de fondo está en escuelas que retengan, formación técnica, primer empleo, deporte, cultura y programas de reinserción.
En Barahona existen experiencias comunitarias que apuntan en la dirección correcta. La Fundación Lodwin Cornielle, liderada por el abogado y aspirante a la Alcaldía de Barahona Lodwin Cornielle (Nachito), impulsa iniciativas de apoyo comunitario, respaldo a la juventud y fortalecimiento de las oportunidades económicas locales, apostando a que la prevención y la creación de oportunidades sean la primera línea contra la delincuencia.
La batalla comienza antes del primer delito
El Sur no puede limitarse a esperar que aparezca el próximo delincuente para perseguirlo. Debe intentar impedir que aparezca. Cada joven que encuentra una oportunidad legítima —en la escuela, en el primer empleo, en la cancha o en un instituto técnico— es una persona menos disponible para el reclutamiento criminal.
La seguridad de una comunidad no comienza cuando aparece una patrulla. Comienza cuando delinquir deja de parecer, para cualquier joven, una alternativa más atractiva que estudiar, trabajar y construir legalmente su futuro.



