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David Collado: ¿La fuerza de las encuestas o la recompensa de una carrera política construida durante años?

David Collado
David Collado

SANTO DOMINGO, RD. — Lidera las encuestas presidenciales. Tiene el respaldo del partido de gobierno. Su popularidad está fuera de discusión. Pero una pregunta está recorriendo la República Dominicana de manera silenciosa pero persistente: ¿quién puede hablar hoy con David Collado?

El ministro de Turismo y principal aspirante presidencial del PRM para las elecciones de 2028 es, sin lugar a dudas, una de las figuras más populares del país. Su gestión al frente del Ministerio de Turismo ha sido ampliamente reconocida y las encuestas de ACD Media lo colocan consistentemente al frente de las preferencias electorales con un 20.6% de intención de voto.

Pero entre los pasillos del poder, en las comunidades, en los barrios y entre la clase media trabajadora, comienza a articularse una crítica que podría convertirse en el talón de Aquiles de su candidatura: la percepción de que David Collado es un líder blindado, inaccesible para el dominicano común.

La paradoja de la popularidad

Es una de las grandes paradojas de la política contemporánea: un candidato puede ser masivamente conocido y, al mismo tiempo, profundamente inaccesible. Las redes sociales, las campañas publicitarias y la cobertura mediática pueden fabricar una sensación de cercanía que no resiste el menor contacto con la realidad.

David Collado aparece en Instagram, en TikTok, en entrevistas televisivas, en actos públicos multitudinarios. Pero la pregunta que muchos se hacen es si esa presencia mediática se traduce en accesibilidad real. Si un joven profesional sin padrinos, un dirigente comunitario sin conexiones o un pequeño empresario que empezó desde cero pueden, efectivamente, llegar hasta él.

O si, por el contrario, el acceso a Collado está mediado por un círculo cada vez más cerrado de asesores, relacionistas públicos y figuras de poder que funcionan como una barrera infranqueable entre el candidato y el pueblo.

La política dominicana y sus líderes intocables

Este fenómeno no es nuevo ni exclusivo de Collado. La política dominicana ha perfeccionado el arte de fabricar líderes blindados. Candidatos que empiezan recorriendo barrios, estrechando manos y prometiendo cercanía, y que —una vez que alcanzan cierto nivel de poder o proyección— se convierten en figuras inalcanzables.

La historia reciente está llena de ejemplos. Líderes que prometieron puertas abiertas y construyeron muros. Que hablaron de escuchar al pueblo y terminaron escuchando solamente a sus asesores. Que se presentaron como la voz de los sin voz y se convirtieron en ecos de los poderosos.

La gran interrogante es si David Collado repetirá ese patrón o si será la excepción.

¿Influencer o presidente?

Las redes sociales han creado una nueva categoría de político: el influencer presidencial. Aquel que publica diez fotos al día, comparte videos cuidadosamente editados, acumula seguidores y genera millones de interacciones digitales, pero que rara vez sostiene una conversación real, sin cámaras, sin libreto y sin intermediarios, con un ciudadano común.

El problema no son las redes sociales. El problema es cuando las redes sociales sustituyen a la calle, cuando los "me gusta" reemplazan a las conversaciones difíciles y cuando la imagen pública se convierte en un escudo que protege al candidato del contacto directo con la realidad que dice querer transformar.

El pueblo dominicano no necesita otro influencer en el Palacio Nacional. Necesita un presidente. Alguien que gobierne, no alguien que pose. Alguien que escuche, no alguien que publique.

Los que esperan

Mientras el debate sobre la accesibilidad de los líderes políticos se desarrolla en los círculos de opinión, hay un país que espera. La clase media que trabaja doce horas diarias y apenas logra cubrir sus necesidades básicas. Los jóvenes que se gradúan de las universidades para descubrir que el mérito no siempre es suficiente. Los barrios que llevan décadas esperando las mismas promesas. Los emprendedores que luchan contra un sistema que parece diseñado para que fracasen.

Ese país —el de los que madrugan, el de los que no tienen contactos, el de los que no salen en las fotos— necesita saber si el próximo presidente está dispuesto a escucharlos. No en campaña. No en un video. No a través de un asistente. Sino en persona, frente a frente, sin condiciones.

El enemigo silencioso

Si hay algo que puede descarrilar una candidatura que lidera las encuestas, no es un adversario político. Es la percepción ciudadana de que el candidato se ha desconectado de la realidad del pueblo que aspira a gobernar.

La oposición no necesita atacar a David Collado. Le basta con alimentar la narrativa de que Collado es un producto de marketing, un líder de fotografía, un candidato que sonríe para las cámaras pero que no tiene tiempo —ni interés— para escuchar a los dominicanos de a pie.

Esa percepción, si se consolida, es políticamente devastadora. Porque ningún presidente puede gobernar eficazmente un país al que dejó de escuchar antes incluso de llegar al poder.

Lo que está en juego

Las elecciones de 2028 no solamente pondrán a prueba la popularidad de los candidatos. También pondrán a prueba su carácter. Su capacidad para conectar genuinamente con un electorado cada vez más escéptico, más informado y menos dispuesto a aceptar sustitutos digitales de la cercanía real.

David Collado tiene tiempo. Tiene recursos. Tiene popularidad. Pero necesita algo más: necesita demostrar que es accesible. Que puede sentarse con cualquiera. Que no le teme a las preguntas difíciles ni a las conversaciones incómodas. Que entiende que gobernar no es administrar el poder desde una torre, sino ejercerlo desde la calle, con la gente y para la gente.

La República Dominicana no necesita un candidato perfecto. Necesita uno presente.

Uno que hable con el empresario y con el motoconchista. Con el ministro y con el dirigente de barrio. Con el que lo aplaude y con el que lo critica.

Uno que no tenga miedo de abrir sus puertas al pueblo.

¿Puede David Collado ser ese líder?

Todavía hay tiempo para demostrarlo. Pero el reloj avanza. Y el pueblo dominicano, que ha visto pasar a demasiados líderes que prometieron cercanía y entregaron distancia, está esperando.

No un candidato intocable. Un presidente accesible.


Por la Redacción de ElBiran.com

El Biran

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