Reflexión sobre la política como vocación cívica y servicio al país
En un relato personal, un ciudadano dominicano narra su trayectoria política desde la juventud, marcada por la influencia de su hermano Diomedes y su adhesión al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tras el anuncio de Juan Bosch. La historia, que abarca desde la guerra de abril de 1965 hasta la actualidad, plantea una reflexión sobre los principios y el desencanto con el poder.
Desde muy temprana edad, el autor se interesó por la política, influenciado por su hermano Diomedes, quien desde la infancia mostraba inclinaciones por las letras y los asuntos públicos. En casa se hablaba de ideas, justicia y patria, lo que le hizo comprender que la política era parte de la vida misma. Tras la guerra de abril de 1965, la juventud vivía tiempos de utopía esperanzadora, en un contexto de Guerra Fría y persecuciones políticas.
Fue en ese ambiente que escuchó el anuncio de Juan Bosch sobre la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Junto a Diomedes y otros compañeros de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde él estudiaba Economía y su hermano Letras, se integraron de inmediato al naciente partido. Participaron en círculos de estudio, jornadas de discusión ideológica y primeras campañas, soñando con transformar la República Dominicana desde la base, con ética e ideas.
El autor recuerda que cuando el PLD llegó al poder por primera vez, el país comenzó a avanzar con modernización administrativa, crecimiento económico y apuesta por el conocimiento. Sin embargo, con el tiempo llegaron errores, especialmente durante los gobiernos de Danilo Medina, cuando se desdibujaron principios y se bajó la guardia ética. Esto los llevó a tomar distancia de la política partidaria activa, aunque nunca dejaron de apostar por un porvenir mejor.
Hoy, el autor mantiene simpatías políticas inclinadas hacia Leonel Fernández, a quien vio crecer y asumir el legado de Bosch, y tiene una mirada esperanzada sobre su hijo Omar, a quien percibe como una reserva valiosa. Concluye que, a pesar de todo, sigue creyendo que la política puede ser decente y que aún hay hombres y mujeres que la entienden como un apostolado. Escribe esto para que sus nietos sepan que la política no es solo campaña y promesas, sino pasión por lo justo.


