La historia de un exiliado que internacionalizó la lucha antitrujillista
En la década de 1940, el joven dominicano Pericles Franco Ornes llegó a Chile para estudiar medicina y se convirtió en un actor clave de la resistencia contra la dictadura de Trujillo, con el respaldo de figuras como Pablo Neruda y Pedro Henríquez Ureña.
En los años cuarenta del pasado siglo, Rafael Leónidas Trujillo impulsó transformaciones en la diplomacia dominicana, especialmente en el Cono Sur. En Chile, el embajador Tulio M. Cestero, afectado por su salud y edad, anunciaba el fin de su carrera. Su salida dio paso a una diplomacia basada en contrainteligencia y persecución ideológica, en el contexto de la Guerra Fría. En ese escenario llegó a Santiago el joven dominicano Pericles Franco Ornes para estudiar medicina en la Universidad Nacional de Chile.
Desde muy temprano, Pericles había mostrado su rechazo al régimen de Trujillo, lo que lo llevó a integrarse a la juventud socialista de la Federación de Estudiantes de Chile (FECh), liderada por Felipe Herrera y Oscar Cifuentes. Con ellos denunció la dictadura dominicana. Pronto forjó una amistad clave con el escritor y senador Pablo Neruda, quien lo consideró un testimonio vivo de la tragedia caribeña. Neruda prologó su obra 'La tragedia dominicana', un gesto que internacionalizó la lucha contra Trujillo.
Mientras denunciaba en Santiago, Pericles mantenía contacto en Buenos Aires con Pedro Henríquez Ureña. A pesar de la distancia, el 'Sócrates dominicano' alentó su labor revolucionaria, validando su compromiso con la cultura y la libertad. Este vínculo está documentado en dos cartas incluidas en el Tomo X de las obras completas de Henríquez Ureña, compiladas por Jacobo de Lara para la UNPHU. Así, el exilio de Pericles no fue aislamiento, sino integración en la 'inteligencia democrática americana', con Argentina, Chile y México como pulmones de la resistencia.
Mientras la embajada dominicana en Chile espiaba sus pasos, Pericles respondía con una 'diplomacia de los pueblos'. Sus contactos con la FECh, su hermandad con Neruda y el respaldo de Henríquez Ureña crearon un cerco de solidaridad que el régimen nunca pudo romper. Lamentablemente, pocos meses después, don Pedro falleció en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946.



