
La separación de la pareja de alto perfil impacta a comunidades del Sur que siguen sus pasos.
El expelotero de Grandes Ligas Edwin Encarnación, con raíces en la región Sur, y la comunicadora Karen Yapoort han puesto fin a su matrimonio. La noticia resuena en Barahona y comunidades cercanas, donde el deportista es un referente y su historia de amor había sido seguida con atención.
Edwin Encarnación, oriundo de la región Sur y figura del béisbol de Grandes Ligas, y la comunicadora Karen Yapoort, quien vivió parte de su carrera en Santo Domingo, terminaron su relación tras casi nueve años de matrimonio. La pareja, que se casó en noviembre de 2017 en Casa de Campo, La Romana, había construido una vida de lujos y estabilidad, pero el divorcio se ha convertido en un espectáculo mediático que también se sigue en el Sur, donde Edwin es admirado por su trayectoria.
La historia comenzó en 2014, cuando Edwin contactó a Karen por redes sociales. Ella, entonces figura de la televisión dominicana, recordaba con cariño cómo disfrutaba los viajes por Estados Unidos durante los road trips del pelotero: "Yo hacía esa maletica… siete estados en una semana, uno por día", dijo en una entrevista radial. Para los jóvenes del Sur, esta relación mostró que el éxito deportivo podía abrir puertas, pero también traer presiones.
Karen confesó que Edwin no quería casarse al principio, solo tener hijos. Ella fue clara: "Yo le voy a parir al que sea marido mío". Finalmente, la boda se celebró en medio de una gran fiesta en Casa de Campo, un destino turístico que muchos del Sur conocen por su cercanía. La separación de bienes fue una decisión de Karen para evitar suspicacias, un ejemplo de prudencia que resuena en comunidades donde el dinero y el éxito generan expectativas.
El divorcio, que pudo manejarse en privado, se convirtió en un "ponche de novatos" para la pareja. Para la región Sur, esta historia deja una lección sobre la presión de la fama y la importancia de proteger la familia. Los hijos de la pareja, "dos eternas raíces", permanecen como el lazo que trasciende el juego del amor, y la comunidad espera que ambos padres prioricen el bienestar de sus pequeños.



