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Depresión 1930: la crisis que casi hunde las Grandes Ligas

Cuando la Gran Depresión puso contra las cuerdas al béisbol profesional

Estadios vacíos y estrellas en venta

En 1930, mientras la crisis económica asfixiaba a la sociedad estadounidense, Babe Ruth firmó un contrato por 80,000 dólares, la suma más alta jamás pagada a un pelotero. Cuando un periodista le cuestionó si resultaba inapropiado ganar más que el presidente Herbert Hoover, Ruth respondió: ¿por qué no? Yo tuve mejor año que él.

Uno de cada cuatro asalariados —unos 15 millones de trabajadores— pronto perdería su empleo. La Depresión golpeó al béisbol con igual crudeza. Millones de aficionados no podían pagar los cincuenta centavos que costaba un boleto y la asistencia a los parques se desplomó de forma dramática.

Los Cafés de San Luis en la Liga Americana promediaron menos de 1,500 espectadores por encuentro. Cincinnati, los Bravos de Boston y Filadelfia estuvieron al borde de desaparecer como franquicias. Los propietarios más golpeados pusieron en el mercado a sus figuras para poder sobrevivir, incluyendo al dueño de Washington que vendió a su propio yerno, el campocorto estelar Joe Cronin.

Paradójicamente, el bateo continuó dominando el juego. En 1930 el promedio colectivo de la Liga Nacional fue de .303 y los Filis, últimos a 40 juegos del líder, contaban con ocho jugadores bateando sobre .300. La crisis forzó al equipo a mudarse al estadio de los Atléticos, como tantas familias sin trabajo que debieron irse a vivir con parientes.

El Biran

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