
LA IMPRUDENCIA VIAL QUE SIGUE MATANDO EN BOGOTÁ
CUANDO LA VELOCIDAD SE CONVIERTE EN SENTENCIA

La tragedia ocurrida en la calle 63 de Bogotá no es solo un accidente de tránsito más; es el reflejo crudo de una cultura vial donde la imprudencia sigue cobrando vidas inocentes. Un vehículo a toda velocidad, presuntamente ignorando un semáforo en rojo, bastó para arrebatar la vida de una mujer, dejar menores heridos y destrozar familias en cuestión de segundos.
Cada imagen del video que circula en redes es un recordatorio incómodo de que el volante, en manos irresponsables, se convierte en un arma. No se trata únicamente de errores humanos aislados, sino de una peligrosa normalización del exceso de velocidad, la falta de respeto por las normas y la débil conciencia ciudadana frente al valor de la vida.
Mientras las autoridades investigan responsabilidades, la sociedad también debe mirarse al espejo. ¿Cuántas veces se justifica correr, adelantar o “ganarle” al semáforo? Este hecho doloroso exige algo más que sanciones: demanda educación vial real, controles efectivos y, sobre todo, un cambio de actitud colectiva.
Porque ninguna prisa vale una vida, y ninguna excusa puede reparar una tragedia evitable.
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