Experto advierte sobre luchas fratricidas y falta de organización en el partido de gobierno
El PRM, surgido de la división del PRD, enfrenta debilidades propias de liderazgos emergentes que podrían llevarlo a la lucha fratricida, según un análisis de Manuel Fermín. La falta de administración partidaria y la ausencia de líderes de recia personalidad marcan su gestión.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) nació de la última división de la aguerrida 'oligarquía de masas' que fuera el PRD, pero con debilidades propias de los partidos con liderazgos emergentes que terminan comportándose como las víboras: fagocitándose unos a otros. De ese material perredeísta, pero con fuerte dispersión del liderazgo auténtico y sin ideología, surge el movimiento que hoy ocupa el poder, según el análisis de Manuel Fermín.
Sin líderes de recia personalidad, sin emociones en los aplausos, es decir, una plataforma electoral. Falta administración partidaria, y lo vemos en el Congreso en donde se olvida un reemplazo; que la cúpula no conoce a sus dirigentes, y sin organización funcional. Buscó el poder y lo logró aprovechando la fuerte división del PLD, pero ya le acecha el defecto de origen en su 'ADN político': el sobresalto, la lucha fratricida.
Ejerce el Gobierno con estilo distinto al 'guzmanismo', que utilizó mucha gente que no se distinguía por el proselitismo, gente vista como una corriente elitista, pero que sí le brindó buen currículum al Ejecutivo. Abinader optó por jóvenes sin alto nivel competencial, con poco entrenamiento político y de Estado, y ahí están los resultados: políticas deshilvanadas, el Gobierno aquejado de anemia racional; de fantasía, algo; foto y publicidad; una organización con los estamentos superiores desprovistos de escrúpulos, orgullosos del poder reborujado, mezclado en una inmoralidad condenable con sectores del crimen organizado, de los juegos de azar, y la sombra alargada de la corrupción.
Gente que se ha dado perfecta cuenta que esa plataforma le brinda poder y resguardo a sus actividades; participación y tolerancia igualmente perversas para satisfacer su apetito de poder sin límite. En este terreno han levantado 'su obra' que no han podido asumir ni compartir; no han sido intrépidos en su defensa, si no en el sentido más profundo, por lo menos en un gozoso repaso de su débil experiencia de Estado. Esas conductas tiznan de sospechas sus preocupaciones y han dejado la marca de que se han movido por su propio interés y no el de la ciudadanía. La sombra arropa la luz.



