El auge del golf en el Este podría inspirar inversiones turísticas en el Sur profundo.
Mientras el Este dominicano consolida el golf como motor turístico, Barahona y el Sur observan con expectativa cómo este deporte podría diversificar su oferta y atraer visitantes de alto gasto.
El golf, históricamente reservado a élites, hoy se perfila como una herramienta de desarrollo turístico en República Dominicana. Aunque el fenómeno ha tomado fuerza en el Este, con proyectos como Playa Nueva Romana y el campo PGA Ocean’S 4, la región Sur, con su potencial ecoturístico y playas vírgenes, podría ser el próximo escenario de esta transformación.
El visitante que practica golf permanece más tiempo en el destino y genera un mayor consumo, beneficiando hoteles, restaurantes y el sector inmobiliario. Para Barahona, esto representa una oportunidad de atraer un turismo de mayor poder adquisitivo, interesado en experiencias que combinen naturaleza, bienestar y calidad de vida, más allá del tradicional sol y playa.
La integración del golf con comunidades locales es clave. En el Este, este deporte ha dejado de ser una actividad exclusiva para convertirse en un espacio familiar y social. En el Sur, un desarrollo similar podría impulsar empleos, dinamizar la economía y posicionar a la región como un destino de turismo deportivo en el Caribe, siempre que se respete el entorno natural que caracteriza a Barahona.
La certificación PGA de campos como el de Playa Nueva Romana eleva el estándar internacional. Si el Sur aspira a replicar este modelo, necesitará inversión en infraestructura, alianzas público-privadas y una visión que integre a las comunidades locales, evitando la exclusión y priorizando la sostenibilidad ambiental.
El reto para el Sur es convertir su belleza natural en una oferta turística competitiva. El golf podría ser un catalizador, pero solo si se planifica con criterio, aprendiendo de las experiencias del Este y adaptándolas a la identidad y necesidades de Barahona y sus alrededores.



