Economia

Influencers sin formación ética ni regulación: el lado oscuro de la economía de la atención

Más de 500 creadores han muerto desde 2008 por retos virales, según el texto

La irrupción de tecnologías avanzadas ha convertido a influencers y creadores de contenido en agentes de socialización de facto, pero su falta de preparación ética y la ausencia de regulación han dejado un saldo trágico: más de 500 muertes desde 2008 por actos imprudentes para ganar viralidad.

El fenómeno de los influencers y blogueros ha crecido al amparo de las tecnologías de la comunicación más avanzadas. Muchos espectacularizan aventuras y excentricidades en lenguaje burdo, impactando negativamente a nivel global. Desde 2008, más de 500 de estos aficionados han perdido la vida en accidentes mientras buscaban capturar fotografías, grabar videoclips o realizar transmisiones en vivo.

Estos nuevos 'líderes de opinión' se aprovechan de la fragilidad mental, la ingenuidad y el regocijo de amplios núcleos colectivos con palabrotas, chistes vulgares y entretenimientos para romper la rutina. También recurren a contenido para adultos e imágenes íntimas y terroríficas. Así ganan fama, seguidores y monetizan mediante publicidad y venta de productos, volcando su capital humano en la economía de la atención o marketing de influencia.

El efecto espejo y el juicio nublado por la adrenalina los llevan a cometer actos alarmantes. Buscando viralidad, cientos mueren trágicamente en caídas desde rascacielos, helicópteros, trenes, acantilados, cascadas, pasos subterráneos, azoteas, o ahogados en ríos y mares, en accidentes de tránsito y tiroteos, o por ingerir una botella de whisky de un tirón por una gratificación económica. Incentivan fuertes emociones con tono desafiante y crean una percepción de impunidad ante normas sociales o legales.

Los estudios revelan que el 70% de los consumidores ha experimentado algún nivel de impacto emocional negativo. Estos influencers utilizan plataformas digitales en violaciones penales y civiles que conllevan multas y sanciones administrativas. Entre los diez ejemplos citados están la difamación (calumnias e injurias) contra personas y empresas, la difusión de publicidad engañosa con productos de datos ocultos, falsos o exagerados, y concursos y sorteos ficticios. La triada que sustenta este fenómeno incluye innovaciones tecnológicas, ausencia de formación ético-profesional y falta de regulación jurídica de la comunicación global.

El Biran

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