Eduardo Álvarez La ciudad de la eterna primavera mantiene su esplendor.
Paraíso terrenal enclavado en la Cordillera Central, guarda la oferta de montaña más exquisita en todo el país, compitiendo en belleza y vitalidad en la región del Caribe.
Con una ubicación estratégica que la acerca a los principales núcleos urbanos, nacen de su densa y frondosa vegetación las fuentes hidrográficas más importantes de la isla, incluyendo el río Yaque del Norte que abastece y fertiliza con sus aguas a seis provincias del Cibao.
La vía de penetración, partiendo de la Autopista Duarte, está en proceso de ampliación con fondos asignados que garantizan su terminación en unos ocho o diez meses.
La obra promete una expansión de la oferta turística que contribuirá con un incremento significativo.
De ahí la creciente inversión, tanto pública como privada en infraestructuras de alta gama, elevando así los niveles de competitividad y, en ese mismo orden, la plusvalía en las propiedades inmobiliarias.
Proceso de reactivación que demanda, desde luego, la participación de toda la comunidad a los fines de resaltar y cuidar las bellezas naturales que ofrece Jarabacoa.
Esto compromete a la población fija e itinerante con la ornamentación, la limpieza y el orden.
Proyecciones de obras en ese sentido anuncian una más cálida y hermosa bienvenida a la ciudad con sus ríos, bosques de pinos y cascadas que ya la adornan.
Presentar una cara limpia y preciosa invita y seduce a volver y a quedarse.
A propósito de confianza, progreso e inversiones, es oportuno destacar la presencia aquí de acreditadas cadenas de supermercados, Nacional, Olé y La Sirena entre ellas.
De manera que estamos ante una Jarabacoa dispuesta a competir y a dar más.
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