Especialistas y estudios respaldan que el ejemplo familiar es clave para formar lectores
En un tiempo dominado por las pantallas, fomentar la lectura en el hogar se vuelve un desafío mayúsculo, pero también el legado más valioso para las futuras generaciones. La clave está en el ejemplo y en crear rutinas de lectura desde antes del nacimiento.
En una era dominada por las pantallas y las notificaciones instantáneas, fomentar la lectura en el hogar se ha convertido en uno de los mayores desafíos, aunque puede ser el más valioso legado para las futuras generaciones. Si bien los centros educativos desempeñan un papel fundamental en la instrucción, la experiencia de quienes han criado niños demuestra que las primeras palabras que estos balbucean son las que más escuchan en su entorno. Sucede igual con la lectura: el niño aprende a leer e identificar por escrito las palabras que le resultan familiares, convirtiéndolas en un puente entre el lenguaje oral y el escrito por su significado especial en el día a día.
No se puede confiar en que la capacidad lectora mejore por sí sola con la edad. Hay que sembrar en los niños el deseo de redescubrir, imaginar y aprender a través del texto escrito. A los niños se les puede incentivar el hábito desde antes de su nacimiento, cuando la madre abre un libro y le lee a su bebé en el vientre con palabras llenas de ternura y amor, y cuando el padre con su voz ronca y masculina le cuenta historias, creando entre ambos un vínculo afectivo a través del lenguaje. Estudios de entidades respetadas evidencian que el bebé comienza a familiarizarse con la voz, los sonidos y los patrones del lenguaje mientras está en el vientre materno, y que la lectura antes de nacer puede contribuir a las bases del desarrollo lingüístico posterior.
El amor por la lectura nace mucho antes de que el niño aprenda a deletrear palabras. Nace con el ejemplo. En un hogar donde no se disfruta la lectura, es iluso pensar que los menores lo harán. El hogar funciona como el primer espejo donde se forman los hábitos, y estos surgen cuando los padres y personas cercanas demuestran interés por libros y material de lectura, dígase periódicos, revistas o libros, y cuando esos contenidos tienen relevancia para los lectores, no por obligación escolar sino porque hay un interés, un significado que transmite un sentimiento, un disfrute importante para el lector.
El amor por la lectura también se fortalece temprano cuando los padres crean un espacio cada día o por las noches antes de dormir para la lectura. Es así como se empieza a desarrollar ese hábito, y a través de esas prácticas los jóvenes lectores entienden cómo está estructurado el lenguaje. La lectura no es solo para usarse en la escuela; puede ser divertida y enriquecer nuestro pensamiento crítico, y nos ayuda a entender y seguir instrucciones en matemáticas, ciencias y cualquier área del aprendizaje que necesitemos desarrollar.



