Freddy Danilo Ginebra (Santo Domingo; 17 de febrero de 1944) es un gestor cultural y escritor dominicano.
Freddy Ginebra celebrando la vida: el arte de seguir sonriendo
El dolor llega sin pedir permiso.
Se sienta a nuestro lado como un visitante inesperado y nos mira a los ojos.
A veces viene disfrazado de mentira, de traición, de abandono.
A veces tiene el rostro de alguien que amamos, de alguien en quien confiamos.
Y duele más cuando la herida viene de donde nunca imaginamos.
Pero el dolor, aunque nos doble, no viene a destruirnos: viene a enseñarnos.
He aprendido que el sacrificio es parte del camino.
Que crecer implica renunciar, soltar, despedirse.
Que no todo el que camina contigo está destinado a quedarse.
Hay personas que llegan para enseñarte algo y luego se van, como maestros silenciosos.
Nos rompen un poco, sí, pero también nos despiertan.
Nos obligan a mirarnos por dentro, a preguntarnos quiénes somos sin esas presencias, sin esas certezas.
La mentira hiere porque traiciona la confianza.
Y la confianza es un acto de fe.
Cuando alguien nos miente, sentimos que el mundo se tambalea, que el suelo desaparece.
Pero ahí, en ese vacío, también hay una oportunidad: la de volver a creer en nosotros mismos.
No permitir que la deshonestidad ajena nos convierta en personas desconfiadas, amargas o cerradas.
No dejar que nos roben la capacidad de amar Las traiciones duelen porque vienen de quien menos esperamos.
Son puñaladas emocionales que dejan cicatrices invisibles.
Pero cada cicatriz es un testimonio de que sobrevivimos.
De que seguimos de pie.
De que no nos rendimos.
No se trata de olvidar, sino de aprender.
De no repetir los mismos errores, de poner límites, de proteger el corazón sin encerrarlo.
Y el abandono… ah, el abandono es quizás el más cruel.
Porque nos hace sentir insuficientes, poco valiosos, reemplazables.
Pero nadie nos abandona realmente: se van quienes ya no saben caminar a nuestro ritmo.
Se van quienes no entendieron nuestra esencia.
Y está bien.
No todos están preparados para acompañarnos en nuestro viaje.
¿Cómo seguir sonriendo después de todo eso? Sonreír no es negar el dolor.
Es aceptarlo y decidir que no nos definirá.
Sonreír es un acto de rebeldía.
Es decirle a la vida: “Aquí estoy, con mis heridas, pero sigo creyendo”.
Es elegir la luz incluso cuando todo parece oscuro.
Sonreímos cuando perdonamos, no por los otros, sino por nosotros.
Cuando soltamos el rencor que nos envenena el alma.
Sonreímos cuando agradecemos lo vivido, incluso lo que dolió, porque nos hizo más humanos, más sensibles, más fuertes.
La vida no promete caminos fáciles.
Promete experiencias.
Y cada experiencia nos transforma.
El dolor nos enseña a valorar la alegría.
La mentira nos enseña a buscar la verdad.
Las traiciones nos enseñan a elegir mejor.
Los abandonos nos enseñan a caminar solos… y a descubrir nuestra propia compañía.
Hoy decido sonreír.
No porque todo esté bien, sino porque sigo aquí.
Porque sigo soñando.
Porque sigo amando.
Porque todavía creo en la gente, en los encuentros sinceros, en los abrazos que curan.
Sonreír es mi manera de decirle al mundo que, a pesar de todo, la vida sigue siendo un milagro.
Y yo quiero vivirlo con el corazón abierto.
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