Tecnologia

Y llegó el cataclismo

Y llegó el cataclismo

A principios de 2022, en un debate internacional en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (junto a Carmen Aristegui, Javier Lafuente, Eduardo Quirós y Jorge Canahuati Larach), comencé a advertir las señales del cataclismo que la inteligencia artificial provocaría en nuestras vidas.

Y llegó el cataclismo

Los gigantes tecnológicos controlaban ya, en ese momento, todo el espacio digital y condicionaban desde nuestros hábitos hasta la geopolítica.

Su hiperpoder ha hecho que los medios tradicionales pierdan el monopolio de la información, la pauta publicitaria y hasta la capacidad de circular sin bloqueos arbitrarios.

Ahora, con la Inteligencia Artificial como acelerador, cabe preguntarse: ¿qué será de la libertad de prensa, la de expresión y del derecho ciudadano a estar plenamente informado? Como han señalado diversos especialistas, a medida que las máquinas toman el control de nuestras decisiones, el libre albedrío y la autonomía se convierten en una batalla perdida en el capitalismo de vigilancia.

El momento tecnopolar descrito por Ian Bremmer en Foreign Affairs es ya una realidad: Amazon, Apple, Google, Facebook y Twitter, junto a sus pares chinas, ejercen una soberanía digital que rivaliza con la de los Estados del mundo, grandes o pequeños.

Estas empresas han creado una nueva dimensión geopolítica —el espacio digital— donde los gobiernos, limitados por leyes obsoletas, no pueden controlar la vida cívica, económica y privada de miles de millones de personas.

En ese escenario, el periodismo libre e independiente, pilar de la democracia, enfrenta su mayor desafío, que es el de debatir ideas y noticias sin cortapisas electrónicas ni censuras caprichosas.

La pregunta ya no es si el cataclismo llegó, sino cómo preservamos lo humano frente al algoritmo.

No se trata solo de la desaparición de periódicos o revistas.

Lo que está en juego es la misma arquitectura de la verdad.

Cuando los algoritmos deciden qué vemos, qué omiten y qué amplifican, la función clásica del periodismo —verificar, jerarquizar, contrastar— queda subordinada a la lógica de la viralidad y el “engagement”.

Ya no competimos con otros medios, sino con máquinas diseñadas para retener nuestra atención a cualquier costo.

Por eso resulta ilusorio pensar que la solución vendrá únicamente de la autorregulación empresarial o de la conciencia individual.

Como advirtieron hace cuatro años los especialistas citados, la batalla por el libre albedrío se libra hoy en los términos de servicio que nadie lee y en los datos que entregamos sin pensar.

El consentimiento, en este contexto, es una ficción útil para el capitalismo de vigilancia.

Los gobiernos, atrapados entre leyes del siglo XX y tecnologías del siglo XXI, reaccionan tarde y mal.

Mientras tanto, las plataformas ejercen su poder sin contrapeso, ya que bloquean, desmonetizan, desaparecen o restauran cuentas con la misma discrecionalidad con que un Estado soberano declararía la guerra o firmaría la paz.

Frente a este cataclismo, el periodismo independiente no puede limitarse a denunciar desde la orilla.

Su misión histórica —defender la democracia frente a los poderes fácticos— se enfrenta ahora al desafío más complejo de su existencia: recuperar la soberanía informativa en un ecosistema digital que ya no les pertenece.

O logramos construir mecanismos reguladores responsables y transparencia algorítmica, o la libertad de expresión será apenas un espejismo en la vitrina de las grandes tecnológicas.

Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES 14 de junio.

El Biran

El Birán es un medio digital informativo del sur del país, comprometido con ofrecer noticias veraces, análisis oportunos y una mirada objetiva sobre los acontecimientos más relevantes de la región y el país. Nuestro propósito es informar con responsabilidad, ética y cercanía a la comunidad.

Related Articles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button