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DGA: comprensión de la misión aduanera

DGA: comprensión de la misión aduanera

Hay funcionarios públicos se definen por las cosas que deciden convertir en acontecimientos.

DGA: comprensión de la misión aduanera

Tal es el caso que el titular de la Dirección General de Aduanas organizara un acto encabezado por el Presidente de la República para anunciar la incorporación de pagos mediante tarjetas de crédito y débito.

Medida que puede resultar útil; no obstante, la utilidad de una decisión no la convierte automáticamente en una transformación institucional.

Menos esa que debió existir hace tiempo.

Este país enfrenta desafíos fiscales, económicos y de competitividad cada vez más complejos.

Lo que nos exige administrar mejor, controlar mejor y organizar mejor las instituciones del Estado.

Y la Dirección General de Aduanas ocupa un lugar central dentro de esa realidad.

No se trata únicamente de una simple entidad recaudadora.

Se trata de una institución vinculada directamente a la protección y garantía del ingreso fiscal, la facilitación del comercio, la gestión de riesgos, la competitividad logística y el ejercicio mismo de la soberanía económica del Estado.

Razón por la cual nos resulta difícil comprender que una institución de semejante importancia estratégica coloque en el centro de su discurso público una modalidad de pago que forma parte de la normalidad comercial internacional desde hace décadas.

No vemos la accesional.

Eso es algo normal.

La noticia no fue la tarjeta.

La noticia fue que se considerara necesario utilizar la investidura del presidencial para anunciar esa nimiedad.

Es desatinado organizar actos para anunciar mecanismos de pago, al tiempo que persisten asuntos que merecen atención inmediata.

Como es la correcta administración del régimen de Operador Económico Autorizado (OEA).

Programa concebido para empresas de grandes contribuyentes, que han demostrado cumplimiento, trazabilidad, seguridad y confiabilidad mediante procesos formales de evaluación y certificación.

La fortaleza del sistema depende precisamente de que los beneficios asociados a ese régimen permanezcan vinculados al cumplimiento de los requisitos que justifican su otorgamiento.

No a importadores casuales o irregulares.

La credibilidad de cualquier esquema moderno de gestión de riesgos exige coherencia, rigor técnico y aplicación uniforme de los procedimientos establecidos.

De igual manera exige revisar permanentemente los mecanismos de facilitación comercial para garantizar que conserven la integridad para la cual fueron concebidos, revisar los mecanismos de créditos y facilidades financieras que se conceden dentro del sistema a empresas reconocida de alta solvencia ética moral y económica.

La aplicación sistemática de las herramientas de inspección no intrusiva, incluyendo los equipos de rayos X, constituye igualmente una necesidad permanente para fortalecer los controles, proteger los ingresos fiscales y reducir espacios de discrecionalidad operacional.

La protección fiscal tampoco puede desligarse de la correcta clasificación arancelaria de las mercancías.

Las diferencias entre una partida arancelaria y otra pueden representar variaciones significativas en la carga tributaria aplicable a una importación.

La clasificación, valoración y denominación de origen y marcas continúan siendo funciones esenciales de cualquier administración aduanera seria.

La función principal de la Aduana es controlar, fiscalizar y recaudar conforme a la ley.

Cualquier facilidad de esta naturaleza debe operar bajo criterios claros, transparentes y rigurosamente supervisados para proteger adecuadamente los intereses fiscales del Estado.

Y por supuesto, el permanente desafío del verdadero contrabando; pero con frecuencia la autoridad pública se concentra en actuaciones relacionadas con viajeros, equipajes, artículos personales o cantidades relativamente reducidas de dinero en efectivo.

Esas actuaciones generan titulares, fotografías y exposición mediática a sabiendas que no suelen encontrarse en una maleta ni en los efectos personales de un pasajero.

Los grandes desafíos aduaneros se encuentran en las operaciones que pueden afectar significativamente los ingresos del Estado, distorsionar la competencia legítima, lesionar la producción nacional y erosionar la confianza en los mecanismos de control.

Es ahí donde una administración aduanera demuestra su capacidad.

Es ahí donde se construyen los resultados.

Es ahí donde se fortalece la confianza institucional.

Las grandes administraciones son recordadas por los problemas que resuelven.

No por los dispositivos que utilizan para cobrar.

Y cuando una facilidad administrativa termina ocupando el espacio que debería corresponder a los grandes desafíos institucionales, resulta inevitable preguntarse si la escala de las prioridades está siendo correctamente entendida.

La Dirección General de Aduanas está llamada a mucho más.

Y precisamente por la importancia de su misión, el país tiene derecho a esperar mucho más.

Por: José Peña Santana ..

El Biran

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