
Análisis advierte sobre el auge de posturas políticas prefabricadas y la pérdida de pensamiento crítico
Un análisis sobre la polarización política y el consumo de ideologías prefabricadas plantea cómo la hiperconectividad digital impulsa posturas incoherentes. El texto invita a los lectores dominicanos a reflexionar sobre la calidad del debate público.
El mundo contemporáneo asume que la sociedad busca sumergirse en tendencias prefabricadas en todos los órdenes de la vida, incluido el plano político. Respaldado por la hiperconectividad global mediante plataformas digitales, este fenómeno ha provocado que las 'ideologías' se vendan como arroz instantáneo de microondas: precocidas, empaquetadas con el color de nuestra preferencia y listas para el consumo masivo inmediato.
A menudo tropezando con la razón y la lógica, estas ideologías express buscan encasillar dentro del espectro político a cualquiera que pretenda sostener una postura pública, apostando a que la inmediatez de la opinión se imponga sobre el pensamiento crítico. Antes, las ideologías ofrecían opciones y exigían paciencia y sabiduría en su cocción; hoy, el mundo se adentra en una polarización entre derechas e izquierdas avasallantes, donde la 'viralidad' alcanza mayor cobertura que la veracidad.
Tal como lo anticipó José Ortega y Gasset en 'La rebelión de las masas', el filósofo español ya responsabilizaba al periódico ilustrado y a 'la pantalla' de situar ante la vista inmediata de todo individuo una perspectiva de habitar el planeta entero. Explicaba Ortega que este fenómeno impactaba con mayor fuerza en el 'hombre masa', una figura caracterizada por la obstinación, despojada de su historia y pasado, sumisa ante cualquier consigna 'internacional'.
Finalmente, sentenciaba Ortega que 'el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el atrevimiento de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera… Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado'. A esta silueta humana del mundo actual, presentes globalmente sin excepción de nuestro país, le resulta sencillo tildar de 'ley mordaza' el endurecimiento de las sanciones por difamación en el Código Penal y protestar ante un supuesto ataque a la libertad de prensa, mientras aclama a Nayib Bukele como 'el mejor presidente del mundo', olvidando que El Salvador permanece bajo un Estado de Excepción desde 2022.



