DIDA aclara que el copado en cesárea no debe superar un salario mínimo nacional
Si estás embarazada y tienes seguro de salud, es clave conocer las diferencias de cobertura entre un parto natural y una cesárea. La DIDA precisa que el parto vaginal está cubierto al 100% y la cesárea al 80%, con un tope de copado de RD$23,223.
A la hora de dar a luz, una de las dudas más frecuentes entre las futuras madres es qué cubre realmente su seguro de salud según el tipo de parto. Aunque la decisión médica entre parto natural y cesárea depende de las condiciones de la madre y el bebé, es importante conocer en qué consiste cada procedimiento y cómo lo contemplan las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS).
Si el nacimiento es por parto natural, este estará cubierto al 100% por el Seguro Familiar de Salud; sin embargo, la cobertura es diferente cuando es por cesárea. De acuerdo a la Dirección de Información y Defensa de los Afiliados (DIDA), en el parto natural la madre no debe pagar diferencia por el procedimiento, pero si intervienen factores como el costo de la habitación u otros servicios, sí puede existir el copado.
En el parto por cesárea, la cobertura es de un 80% y el 20% restante sería la diferencia que pagará la afiliada, de acuerdo a la cobertura del seguro establecida. La DIDA subraya que el copado correspondiente a la diferencia no debe sobrepasar un salario mínimo nacional, o sea, de RD$23,223.
El parto natural o vaginal es aquel en el que el bebé nace a través del canal vaginal, con o sin anestesia epidural. Entre sus beneficios, los especialistas destacan una recuperación más rápida, menor pérdida de sangre, menor riesgo de infecciones y una mejor adaptación del recién nacido a la vida extrauterina. Además, favorece la liberación de oxitocina, hormona clave para la lactancia materna y el vínculo afectivo, y permite una participación más activa de la pareja durante el nacimiento. Como inconveniente, puede implicar dolor intenso durante el trabajo de parto y eventuales desgarros o episiotomía.
La cesárea es una intervención quirúrgica en la que se realiza una incisión en el abdomen y el útero para extraer al bebé. Se indica cuando existen condiciones que ponen en riesgo a la madre o al niño, como placenta previa, diabetes gestacional, riesgo de rotura uterina, infecciones o complicaciones durante el trabajo de parto. Su principal ventaja es que permite programar el nacimiento y reducir riesgos en situaciones de emergencia. Sin embargo, la recuperación es más lenta, con mayor dolor posoperatorio, mayor riesgo de infección y mayor pérdida de sangre.



