

Lo que distingue a un simple rasgo de carácter de un síntoma real es la rigidez de ese esquema, su función y el daño que causa a los demás.
Cuando el ego o las ínfulas de grandeza revelan un trastorno de salud mental
Getty Images/iStockphoto Todos conocemos a alguien que jura que el mundo gira a su alrededor: nunca pierde, necesita ser el más capaz, el más importante en cualquier sala…
Lo llamamos arrogante , engreído o insoportable.
Lo que pocas veces consideramos es la diferencia entre su personalidad y una posible señal de alerta.
En psicología , el ego no es un diagnóstico.
Es simplemente la idea que cada persona tiene de sí misma: quién es, cuánto vale y de qué es capaz. Las ínfulas de grandeza se dejan ver por fuera, en la forma de hablar, actuar y tratar a los demás.
La grandiosidad , en cambio, sí puede convertirse en síntoma: aparece cuando esa autoimagen se infla tanto que ya no se corresponde con la realidad.
En ese punto, ya no se trata de alguien seguro de sí mismo o egocéntrico , sino de una distorsión de cómo esa persona se percibe a sí misma.
Lo que distingue a un simple rasgo de carácter de un síntoma real es la rigidez de ese esquema, su función y el daño que causa a los demás.
Hay condiciones de salud mental donde esa distorsión adquiere nombre clínico.
En el Trastorno Narcisista de la Personalidad , la superioridad es constante e independiente del estado de ánimo: la persona necesita admiración sostenida , le cuesta ponerse genuinamente en el lugar del otro y reacciona de forma desproporcionada cuando no recibe el reconocimiento que cree merecer.
En el Trastorno Bipolar , la grandiosidad aparece y desaparece con los episodios: durante una fase maníaca la persona puede sentirse invencible y tomar decisiones impulsivas de alto riesgo, para luego reconocer que algo no estaba bien.
En los trastornos psicóticos se vuelve delirante: una convicción absoluta de tener una identidad especial o misión extraordinaria que no cede ante la lógica ni la evidencia. En el Trastorno Antisocial de la Personalidad, convive con desprecio hacia las reglas y los derechos ajenos, sin culpa real.
La grandiosidad clínica se distingue del ego elevado por su impacto: deteriora relaciones , distorsiona decisiones y deja una huella visible en quienes rodean a esa persona.
Por eso hay que leer las ínfulas de grandeza con cuidado, buscando un posible patrón.
Porque cuando aparece, detrás del ego, siempre hay algo más que arrogancia: un sufrimiento que, muchas veces, la propia persona no sabe nombrar.
Virginia A.
Pacheco, Psicóloga Clínica, Maestría en Intervención en Psicoterapias (Unibe – Universidad de Salamanca, Especialista Cognitivo Conductual (Alamoc) Fuente externa Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES tenis Economía baloncesto fórmula uno.



