

Daniel Chong es el director y guionista de la película animada de Pixar "Hoppers".
Cómo "Hoppers" convirtió la empatía en una aventura de Pixar
El cineasta estadounidense, famoso por haber creado la popular serie animada Somos Osos (We Bare Bears) de Cartoon Network, hizo su debut como director de largometrajes cinematográficos en Pixar con esta producción.
Pixar Cuando Daniel Chong comenzó a desarrollar "Hoppers", la idea parecía demasiado extraña incluso para los estándares de Pixar.
Una estudiante universitaria que transfiere su conciencia a un castor robótico para comunicarse con los animales y salvar un ecosistema amenazado no sonaba precisamente como el punto de partida de una de las películas más emotivas del estudio.
Sin embargo, detrás de la premisa extravagante existía una intención muy clara: crear una historia sobre la empatía.
“Quiero que la gente salga pensando que la empatía es genial y que preocuparse por los demás es genial”, explicó Chong durante la promoción de la película a la que Listín Diario tuvo acceso.
“Vivimos en una cultura que muchas veces nos dice que lo cool es no sentir nada, ser cínicos, estar desconectados.
Yo también caigo en eso a veces.
Pero el mundo sería mejor si todos nos preocupáramos un poco más por los demás.
Honestamente, espero que la empatía se ponga de moda”.
Esa idea terminó convirtiéndose en el corazón emocional de Hoppers.
Aunque la película está llena de persecuciones, humor físico, animales parlantes y situaciones absurdas, nunca pierde de vista que la verdadera historia trata sobre aprender a ver el mundo desde la perspectiva de otro ser vivo.
Para Piper Curda, quien presta su voz a Mabel Tanaka, esa dimensión emocional fue lo que la convenció de formar parte del proyecto.
La actriz reconoce que su personaje puede parecer una activista ambiental a primera vista, pero considera que reducirla a una etiqueta sería simplificar demasiado quién es realmente.
“Mabel parece una activista”, comentó.
“Pero no sé si ella misma se llamaría así.
Ella simplemente piensa: ‘Me importa.
¿Por qué eso necesita una etiqueta?’”.
Esa actitud define gran parte del personaje.
Mabel no actúa porque quiera convertirse en heroína ni porque busque reconocimiento.
Lo hace porque no entiende cómo alguien puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de otros seres vivos.
Para Curda, esa forma de ver la vida es precisamente lo que hace que el personaje resulte tan inspirador.
“Espero que su determinación para hacer del mundo un lugar mejor inspire a la gente”, explicó.
“Ya sean niñas pequeñas o adultos, me gustaría que vieran esa energía y pensaran que también pueden hacer algo”.
La conexión entre Curda y Mabel fue tan natural que Daniel Chong terminó encontrándola en un lugar inesperado: TikTok.
Durante la huelga de actores, el director comenzó a seguir sus videos y descubrió muchas similitudes entre la actriz y el personaje que estaba escribiendo.
“Creo que Daniel vio mis videos y pensó: ‘Traigan a esta chica’”, recuerda Curda entre risas.
“Mabel y yo compartimos muchas características”.
Si Mabel representa la curiosidad y el idealismo humano, Bobby Moynihan aporta el equilibrio perfecto como King George, el optimista rey de los castores.
Dr.
Sam, en la voz de Kathy Najimy, y Nisha, con voz de Aparna Nancherla, en una escena de la película animada "Hoppers".
DISNEY/PIXAR VÍA AP A diferencia de otros líderes animales que podrían haber sido autoritarios o solemnes, George se convierte en una figura cálida y entrañable que cree genuinamente en la posibilidad de convivir con los humanos.
La relación entre ambos personajes se convierte rápidamente en el motor emocional de la película.
Mabel llega al mundo animal cargada de energía, convicciones y una necesidad urgente de actuar.
George, en cambio, aporta experiencia, paciencia y una visión mucho más amplia sobre cómo funciona la naturaleza.
Según Curda y Moynihan, una de las razones por las que la dinámica funciona tan bien es porque ambos personajes terminan aprendiendo mutuamente.
Mabel le enseña a George que algunas causas merecen ser defendidas con mayor firmeza.
George le enseña a Mabel que la empatía también implica escuchar antes de actuar.
Esa filosofía parece extenderse al propio proceso creativo detrás de la película.
La productora Nicole Paradis Grindle considera que proyectos originales como Hoppers son más importantes que nunca dentro de la industria.
“Necesitamos historias nuevas”, afirmó.
“Las secuelas pueden contar historias contemporáneas, por supuesto, pero también necesitamos ideas frescas.
Pixar siempre ha estado comprometido con eso”.
La afirmación adquiere un peso especial en un momento donde gran parte de Hollywood depende de franquicias, remakes y propiedades intelectuales conocidas.
Hoppers apuesta por algo cada vez más raro: una historia completamente original.
VIDEO.
"Hoppers" | Official Trailer Para Grindle, gran parte del mérito corresponde a Chong y a su capacidad para construir mundos emocionalmente accesibles incluso cuando parten de conceptos aparentemente absurdos.
“Trabajar con Daniel ha sido un honor”, aseguró.
“Tiene una habilidad increíble para encontrar humanidad dentro de las ideas más inesperadas”.
Quizá por eso la película termina conectando con públicos tan distintos.
En la superficie, Hoppers es una aventura familiar sobre castores, tecnología y conservación ambiental.
Pero debajo de esa capa existe una reflexión mucho más profunda sobre nuestra relación con el mundo que nos rodea.
La película plantea una pregunta sencilla: ¿qué ocurriría si realmente pudiéramos escuchar a los animales? La respuesta no es una lección ecológica tradicional ni un discurso moralizante.
Más bien se convierte en una invitación a ampliar nuestra capacidad de comprensión.
Entender que existen otras perspectivas, otras experiencias y otras formas de vivir que merecen ser escuchadas.
Ese mensaje resonó profundamente con Curda.
“Quiero que la gente salga del cine pensando que preocuparse por los demás no es una debilidad”, explicó.
“Es una fortaleza”.
En una época donde el cinismo suele presentarse como sinónimo de inteligencia, Hoppers apuesta por algo mucho más difícil: creer que la empatía todavía puede cambiar las cosas.
Y quizás esa sea la idea más revolucionaria que Pixar ha puesto en pantalla en mucho tiempo.
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