
Al iniciar el nuevo año escolar 2026-2027, la República Dominicana enfrenta una serie de desafíos. Por un lado, observamos cómo la falta de cupos en las escuelas se convierte cada día en un tema de inicio de año escolar. Además, observamos que, en cada uno de los territorios que conforman la geografía nacional, se vislumbran las mismas dificultades: aulas deterioradas, butacas inservibles, falta de conectividad, equipos digitales sin renovar desde la pandemia y, así, un rosario de muchas precariedades que circundan el recinto escolar.
A eso se le agrega la ausencia repetida, una y otra vez, de los padres dominicanos en cada una de las escuelas donde estudian sus hijos, como si aprender solo fuera un hecho asociado a asistir al plantel escolar, a que el docente haga su labor y a que el niño asuma todas sus responsabilidades.
Bajo estas realidades, se dio, con bombos y platillos y con el despliegue de una parafernalia propia del movimiento de los reyes en el Olimpo, el inicio del año escolar 2026-2027. El acto oficial fue celebrado en la Escuela Básica Espejo La Milagrosa, ubicada en el sector Cancela-La Ureña, Santo Domingo Este, y estuvo encabezado por el presidente Luis Abinader y el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps.
En el caso particular de San Francisco de Macorís, la Regional de Educación 07 realizó el acto de apertura en el Liceo en Artes José Francisco Peña Gómez. La actividad contó con la presencia del ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, los diputados de la provincia, la gobernadora y todo el aparato gubernamental movilizado para la ocasión.
Mientras esto ocurría, muchos docentes vivían, desde sus propias realidades, el inicio del año escolar con inmensas necesidades. Una de ellas era la falta de integración de las familias en los procesos educativos.
Ante esta situación, la señora Wanda Pérez, madre y presidenta de la Asociación de Padres, Madres, Tutores y Amigos de la Escuela (APMAE) del Liceo Profesor Jesús María Fernández, se encontraba a pocos metros del lugar donde se inauguraba el año escolar en la Regional 07. Allí pedía a los no más de veinte padres presentes en la apertura que sirvieran de portavoces ante quienes conocían y que se habían ausentado por diversas razones, para que no se desconectaran de la escuela.
Dirigiéndose a los padres, decía:
«No nos desconectemos del centro».
Para explicar su mensaje, comparaba el centro educativo con una bocina, un micrófono y el cable de esa bocina. Decía que, si desconectamos el cable, la bocina continuará funcionando durante un tiempo, pero luego el micrófono dejará de funcionar.
Continuaba aseverando que el cable representa a los padres; la bocina, al centro educativo, y el micrófono, a los estudiantes. Explicaba que, si los padres se desconectan del centro, los estudiantes dejarán de funcionar adecuadamente.
Motivó a los padres a no desconectarse del plantel. Les recordó que pueden llamar, escribir y visitar a los docentes en el centro, con el propósito de contribuir a que los alumnos alcancen las metas propuestas para el año escolar.
También motivó al estudiantado a esforzarse para que el próximo acto al mérito tenga que realizarse en el comedor y no en el salón multiuso, porque, según expresó, allí no cabrán tantos estudiantes meritorios.
Mientras tanto, diversos centros educativos de la misma localidad no iniciaban la docencia debido a procesos de infraestructura paralizados, paredes derribadas y heces fecales en sus patios. Esto evidencia la necesidad de contar con gerentes educativos que, más que realizar actos y movilizar todo el aparato estatal para celebrarlos, dejen de preocuparse únicamente por las fotografías y las evidencias y se ocupen del desarrollo de la administración pública, la integración familiar y el progreso del Estado dominicano.
Las transferencias de 1,000 pesos cada seis meses a padres que, en muchos casos, acuden con mayor facilidad al banco para retirar los fondos depositados que a una asamblea para conocer el rendimiento de sus hijos, más que incentivar el estudio, podrían promover la vagancia y el clientelismo.
No estamos en contra de que se subsidie a las familias con las indumentarias y utilerías necesarias para el desarrollo académico. Por el contrario, lo que estamos diciendo es que estos beneficios deben destinarse a quienes demuestren interés, procuren el bienestar y la formación integral de sus vástagos, y luchen cada día por su superación.
Así, el Estado podría convertir estos subsidios en una motivación para que las familias vuelvan a las escuelas y se interesen nuevamente por la educación de sus hijos. Mientras esto no ocurra, seguiremos observando la misma novela: repeticiones y series interminables, mientras aumenta cada día la lista de jóvenes ninis en condición de sobreedad: ni estudian ni trabajan.
Por Olfran Ovalle
Docente del Instituto Superior Especializado en Negocios a Distancia (ISEND)
Licenciado en Ciencias Sociales (UASD)
Especialista en Historia y Geografía (UCNE)
Especialista en Educación Ambiental (ISA)
Maestrando en Historia Dominicana (UASD)



