

En plena crisis económica en Cuba, un pequeño café de color amarillo en La Habana se ha convertido en un símbolo de inclusión. Liva, ubicado en la céntrica esquina de Mazón y Neptuno, emplea a una decena de personas con síndrome de Down y del espectro autista, brindándoles un espacio para su inserción social y laboral.
Café inclusivo en La Habana emplea a jóvenes con Down y autismo
El proyecto, que abrió sus puertas el 21 de marzo, surgió de la iniciativa de Mariolis Escobar, directora del proyecto inclusivo Cielos Abiertos. Inspirada por su hijo Liván Valle, uno de los anfitriones, Escobar decidió crear un emprendimiento familiar que ofreciera una oportunidad a jóvenes que estaban sin trabajo debido al bloqueo petrolero de EE.UU. y los reajustes laborales en el sector estatal.
En el café trabajan además una especialista en enseñanza especial y una psicóloga. Los jóvenes, de entre 20 y 35 años, realizan labores de camareros o ayudantes de cocina y reciben unos 1,000 pesos diarios (poco menos de dos dólares al cambio informal). El local se distingue por sus sillas con cintas de colores, que ayudan a los empleados a identificar las mesas y tomar pedidos sin necesidad de memorizar números.



