
La reorganización militar norcoreana impacta la geopolítica y el turismo en Barahona.
La destitución del ministro de Defensa norcoreano, No Kwang-chol, y su reemplazo por Kim Song-gi, anunciada este sábado por la agencia KCNA, sacude el liderazgo militar del régimen y genera repercusiones que trascienden Asia, llegando a comunidades dominicanas como Barahona, donde la seguridad y la economía dependen de la estabilidad mundial.
La Comisión Militar Central del Partido de los Trabajadores de Corea, presidida por Kim Jong-un, decidió remover a No Kwang-chol, quien ocupó el cargo entre 2016-2019 y desde 2024, y lo degradó a primer subdirector del Departamento de la Industria de Municiones. En su lugar, Kim Song-gi, exdirector de la Oficina Político General del Ejército, asume como nuevo ministro de Defensa, en una reunión que también incluyó cambios en otras posiciones clave.
Para el Sur de República Dominicana, esta noticia no es lejana: la región, que depende del turismo en Barahona y Pedernales, se ve afectada por cualquier escalada de tensión internacional que altere los precios del petróleo o las rutas de cruceros. Además, la diáspora dominicana en Estados Unidos y Europa sigue de cerca los movimientos de potencias como Corea del Norte, que influyen en las políticas migratorias y de seguridad.
La reorganización llega tras las maniobras militares Ulchi Freedom Shield entre Seúl y Washington, que el presidente Donald Trump ordenó reducir por su 'muy buena relación' con Kim Jong-un, calificándolas de señal 'inapropiada'. Trump también expresó su esperanza de reunirse con el líder norcoreano antes de fin de año, un gesto que podría relajar tensiones y, indirectamente, favorecer la estabilidad económica global.
La Comisión Militar subrayó que los cambios buscan 'construir un Ejército fuerte', mientras que Kim Jong-un, en una nota aparte, elogió a los científicos e investigadores del sector de defensa como 'los más grandes patriotas y héroes' por sus 'recientes e innovadores logros científico-tecnológicos militares'. Para el Sur, la lección es clara: la paz mundial es un activo que protege el turismo y la inversión local.



