

SANTO DOMINGO, RD. — David Collado podría convertirse en el próximo presidente de la República Dominicana. Tiene popularidad, reconocimiento y una imagen política cuidadosamente construida. Pero existe una contradicción que merece ser debatida por el país: mientras más dominicanos conocen a David Collado, menos dominicanos parecen tener acceso a él.
¿Cómo puede un hombre que aspira a gobernar más de once millones de dominicanos ser, al mismo tiempo, una de las figuras políticas más inaccesibles del país?
La política dominicana ha creado una peligrosa costumbre: fabricar líderes intocables. Políticos que comenzaron abrazando al pueblo y terminaron abrazando únicamente las encuestas. Líderes que empezaron escuchando al dirigente de barrio y terminaron escuchando solamente a sus asesores. Hombres y mujeres que prometieron puertas abiertas y construyeron muros políticos a su alrededor.
La gran pregunta es si David Collado será diferente.
Porque un presidente no puede vivir en una burbuja política. No puede ser el candidato de las fotografías y olvidarse de las conversaciones incómodas. No puede ser el líder de los grandes eventos y ausentarse de los pequeños problemas que viven millones de dominicanos todos los días.
¿Quién puede hablar hoy con David Collado?
¿Un joven preparado sin padrinos políticos? ¿Un pequeño empresario que comenzó desde cero? ¿Un dirigente comunitario que ha dedicado veinte años al servicio social? ¿Un militante de base del partido? ¿La clase media que trabaja doce horas al día para sobrevivir? ¿O solamente quienes tienen un número telefónico privilegiado o acceso a determinados círculos de poder?
El próximo presidente de la República Dominicana no puede ser un producto de marketing político. Debe ser un ser humano accesible.
El pueblo no necesita un influencer presidencial. Necesita un presidente.
La clase media dominicana está cansada de pagar más y recibir menos. Los barrios continúan esperando oportunidades. Miles de jóvenes se preparan en las universidades para descubrir que las oportunidades no siempre son para los más preparados, sino para los mejor conectados. Y los sectores más vulnerables siguen esperando que alguien los escuche más allá de una campaña electoral.
Quizás el mayor enemigo político de David Collado no sea la oposición. Quizás sea la percepción de distancia que algunos ciudadanos expresan sentir frente a su liderazgo.
Porque ningún presidente puede gobernar un país que dejó de escuchar antes de llegar al Palacio Nacional.
Las elecciones no solamente ponen a prueba la popularidad de un candidato. También ponen a prueba su sensibilidad humana, su humildad y su capacidad para escuchar a quienes no tienen cámaras, poder económico ni influencia política.
La República Dominicana no necesita un presidente perfecto. Necesita uno presente.
Uno que pueda sentarse con un empresario en la mañana y con un motoconchista en la tarde. Uno que escuche al ministro, pero también al dirigente de barrio. Uno que no tenga miedo de escuchar críticas ni de abrir sus puertas al pueblo.
Todavía hay tiempo para demostrar que David Collado puede ser ese líder.
Pero el tiempo corre.
Porque el pueblo dominicano no está buscando un candidato intocable. Está buscando un presidente accesible.
Y quizás la pregunta más importante de todas sea esta:
¿Puede un hombre gobernar un pueblo al que el pueblo no puede llegar?
Por la Redacción
