La historia de superación del acordeonista inspira a comunidades de Barahona y la región
Krency García 'El Prodigio', nacido en un paraje de Cabrera, recorría nueve kilómetros a pie para estudiar música. Su historia resuena en el Sur, donde el talento joven también busca oportunidades.
En Media Gorra, un paraje de Cabrera, provincia María Trinidad Sánchez, Krency García encontró en el acordeón un amor a primera vista. A los cinco años ya tocaba el instrumento, influenciado por su padre, amante del merengue típico, y por los sonidos de la güira y la tambora que sonaban en su casa, mientras en la radio se escuchaban El Ciego de Nagua, Tatico Henríquez y Arsenio de la Rosa.
A diferencia de muchos niños, García no veía la música como un pasatiempo. Con apenas ocho años, pasaba frente al ayuntamiento de Cabrera y pedía a su padre que lo llevara a los ensayos de la banda de música. 'Papi, lléveme para allá que yo quiero aprender música', recuerda que decía. Su padre, convencido de que su talento era innato, le respondía: 'No, tú no tienes que estudiar música, lo tuyo es de nacimiento'.
El niño desobedeció. Entre los nueve y diez años, después de la escuela, caminaba los nueve kilómetros desde Media Gorra hasta Cabrera para recibir clases de solfeo y aprender saxofón. 'Yo llegaba de la escuela alrededor de la una de la tarde, dejaba la mochila, comía y volvía a salir', relata. Esa disciplina temprana marcó su carrera y sirve de ejemplo para los jóvenes del Sur que buscan formarse en el arte y la cultura.
La historia de García demuestra que el talento, acompañado de esfuerzo, puede florecer en cualquier rincón del país. Para las comunidades de Barahona y la región Sur, donde la música típica tiene raíces profundas, su trayectoria es un recordatorio de que la perseverancia abre puertas, incluso cuando los recursos son limitados. Su legado trasciende lo musical: es una lección de vida para las nuevas generaciones.



