
ESTAMOS HARTOS DE LAS PROMESAS DEL PRM
ESTAMOS HARTOS DE LAS PROMESAS DEL PRM
Cinco años de expectativas rotas y un país cansado de la improvisación
Por Sergio Carlos.

Durante cinco años, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se presentó ante el país como la alternativa moral, técnica y política que sacaría a la República Dominicana del estancamiento. Se vendieron como los mejores, como el cambio responsable, como el gobierno que escucharía a la gente y gobernaría con eficiencia. Hoy, a medio camino de su segundo período, el balance es claro para una gran parte de la población: han sido un desastre.
El discurso fue bonito. La propaganda, bien financiada. Las promesas, abundantes. Pero la realidad que vive la gente en los barrios, en el campo, en las pequeñas y medianas empresas, y hasta en sectores profesionales, dista mucho de aquel proyecto esperanzador que se ofreció en campaña.
El PRM prometió institucionalidad, pero ha normalizado la improvisación. Prometió transparencia, pero la percepción de impunidad sigue intacta. Prometió eficiencia, pero muchos servicios públicos están peor que antes. Prometió estar del lado de la gente, pero el alto costo de la vida, la inseguridad y la falta de oportunidades siguen golpeando sin misericordia.
Cinco años después, el cansancio es evidente. No se trata de una crítica ligera ni de oposición automática. Se trata de un hartazgo social que se escucha en la calle, en los colmados, en los mercados, en las redes y en las conversaciones cotidianas. La gente siente que se le habló bonito, pero se le gobernó mal.
El PRM no puede seguir refugiándose en la excusa del pasado. Cinco años son suficientes para demostrar capacidad o incapacidad. Y cuando un gobierno pasa más tiempo explicando por qué no pudo cumplir que mostrando resultados concretos, algo anda mal.
Este no es un llamado al odio ni al caos. Es un llamado a la responsabilidad política. Gobernar no es hacer discursos ni administrar likes; es resolver problemas reales. Y cuando un partido se vende como la gran solución y termina generando más frustración que esperanza, debe asumir las consecuencias políticas y morales de su gestión.
La República Dominicana no necesita más promesas recicladas ni más marketing político. Necesita resultados, liderazgo firme y respeto por la inteligencia del pueblo. Porque la paciencia tiene límites, y cinco años de promesas incumplidas pesan demasiado.
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