
Bethany Ehlmann explica por qué una colonia marciana sería más difícil que la ciencia ficción
La científica planetaria Bethany Ehlmann, directora del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado Boulder, advirtió que establecer una colonia en Marte presenta dificultades extremas, aunque apoya la exploración humana. La también presidenta de The Planetary Society detalló los retos atmosféricos y geológicos del planeta rojo.
Ehlmann, geóloga de formación y expresidente del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, señaló que Marte tuvo lagos, ríos y sistemas hidrotermales, y conserva hielo, pero su atmósfera es muy tenue y no dispone de muchos materiales para hacerla más densa. Por ello, una colonia tendría que vivir en estructuras construidas por humanos, como una cúpula. "Soy una gran partidaria de la exploración humana de Marte, pero sería difícil vivir allí en una colonia. Creo que es más fácil construir un escenario propio de ciencia ficción que hacer el trabajo necesario para que vivan personas allí", expresó.
La científica aclaró que el planeta no es completamente estéril desde el punto de vista práctico: el suelo marciano podría servir para cultivar si se le aportara fertilizante orgánico, y la temperatura en el ecuador fluctúa entre los 20 ºC y los -70 ºC. "Es un mundo de extremos", dijo, y recordó que Marte conserva un registro geológico que permite preguntarse si alguna vez albergó vida.
Sobre la búsqueda de vida, Ehlmann indicó que "estamos apenas en las primeras etapas, en el comienzo de la búsqueda de vida en Marte". Parte de la respuesta podría estar en las muestras recogidas por el rover Perseverance, algunas con características compatibles con biofirmas, pero determinarlo exige traerlas a la Tierra y analizarlas con instrumentos mucho más precisos. "No buscamos huesos de dinosaurios" en Marte, agregó, sino formas de vida microscópicas que se parecerían más al tamaño de un cabello humano o incluso menores.
El reto consiste en encontrar esas huellas extremadamente sutiles y distinguirlas de procesos puramente químicos o geológicos, añadió Ehlmann, quien reconoció que las ideas sobre qué señales buscar están condicionadas por lo que conocemos en la Tierra. "Ahora mismo tenemos un tamaño de muestra solo de un planeta, el nuestro", apostilló. Por eso la exploración parte primero de la identificación de hábitats y después de químicas que puedan indicar procesos biológicos, y las misiones deben asegurarse de que cualquier señal interesante proceda realmente del otro mundo y no de microorganismos o materiales transportados.



