
El debilitamiento de la confianza en los partidos y la atracción por figuras externas no es un fenómeno lejano: en Barahona y el Sur se siente con fuerza cuando los servicios básicos y la economía local no mejoran.
En Barahona y las provincias del Sur, la democracia no se debilita de golpe, sino por la acumulación de promesas incumplidas, privilegios y dirigentes que aparecen en cada campaña con los mismos discursos. La gente de la región observa cómo los partidos tradicionales reparten posiciones en lugar de resolver problemas como el costo de los alimentos, los apagones y la falta de empleo bien remunerado.
El fenómeno descrito por el politólogo francés, que explica cómo la personalidad del candidato pesa más que los partidos, encuentra en el Sur un caldo de cultivo: la desconfianza en las instituciones crece cuando la gestión no produce resultados visibles. Las redes sociales amplifican cualquier figura que prometa cambios, aunque no tenga experiencia demostrada.
En comunidades como Barahona, la inseguridad, el mal estado de las carreteras y las deficiencias en los servicios de salud siguen golpeando a las familias. Si los políticos no demuestran para qué sirven, no debe sorprender que el electorado local prefiera a quien lo entretiene o expresa su indignación, aunque nunca haya administrado nada.
La salida no es prohibir que compitan, sino exigir que todos rindan cuentas. Los partidos deben volver a representar, los gobiernos producir resultados verificables y los medios del Sur deben preguntar sin miedo. Si la democracia dominicana está emocionalmente vulnerable, la causa también está en quienes dejaron de ofrecer razones para creer en la política.



