

El término “Pancho” tiene diversos significados.
No seas un “Panchito”
El principal es una de las abreviaturas del nombre Francisco, una forma coloquial que se ha popularizado con muchos nombres de uso común.
Sin embargo, en la jerga dominicana, “Pancho” o “Panchito” también se utiliza de manera despectiva para referirse a una persona que provoca vergüenza ajena, que se comporta de forma errática o ridícula, o que simplemente no percibe que es objeto de burla por parte de los demás.
Como expresó en una ocasión el poeta urbano y referente del rap dominicano, Avelino Figueroa, mejor conocido como Lápiz Conciente, aquellas personas que pululan en las redes sociales intentando imponer opiniones que nadie les ha solicitado sobre las creencias o decisiones de los demás, escudándose tras perfiles ajenos y revestidas de una falsa superioridad moral, no son más que “Panchitos”.
Y es precisamente ese tipo de comportamiento el que se manifiesta en ciertas personas que, amparadas en una supuesta autoridad moral, pretenden señalar y condenar a diestra y siniestra las decisiones adoptadas por profesionales capacitados y constitucionalmente facultados para ejercer determinadas funciones, como es el caso de los jueces de la República.
Para algunos “Panchitos”, la declaración de un delincuente confeso parece tener más valor que la decisión de un juez que, tras examinar las evidencias presentadas, concluye que no existen elementos suficientes para sostener una acusación o continuar un proceso.
Bajo esa lógica, poco importa el debido proceso, la presunción de inocencia o el análisis jurídico; basta una acusación mediáticamente atractiva para que una persona sea condenada en la opinión pública.
Parecería entonces que las audiencias preliminares carecen de sentido y que el simple señalamiento de un imputado colaborador debería ser suficiente para enviar a cualquier ciudadano a un juicio de fondo, manteniendo su nombre expuesto indefinidamente en los medios de comunicación y afectando su honor y reputación.
Todo ello, muchas veces, para satisfacer intereses políticos o narrativas previamente construidas.
La justicia se sustenta en pruebas, no en percepciones ni deseos personales.
Se sostiene en decisiones judiciales, no en propaganda política ni viralización en redes sociales.
Confundir una cosa con la otra es, precisamente, el error de muchos “Panchitos”.
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