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Colegio de Santo Domingo que prohibió celulares hace 7 años: ¿qué lección deja a Barahona y la región Sur?

El Colegio TCFL de Santo Domingo lleva siete años usando estuches magnéticos para bloquear celulares en aulas, con mejoras en convivencia y rendimiento. La medida, hoy exigida por el Ministerio de Educación, podría replicarse en centros educativos del Sur para reducir distracciones y fomentar la socialización.

Hace siete años, el Colegio TCFL (The Children’s Future Learning) en Santo Domingo implementó una medida que entonces parecía excentricidad: cada mañana, los estudiantes depositaban su teléfono en un estuche con seguro magnético que solo se abría a la salida. La decisión no nació de una teoría pedagógica, sino de la fricción diaria: los maestros gastaban energía en llamar la atención en lugar de enseñar, los juegos y chats competían con las clases, y los patios de recreo se habían quedado en silencio porque los alumnos preferían la pantalla a conversar.

El colegio revisó los registros de uso de algunos estudiantes y encontró casos de hasta cinco horas diarias frente al teléfono. La fundadora y directora, cuyo nombre fue publicado en el recuento, concluyó junto a su equipo docente que los dispositivos se habían convertido en 'un enemigo silencioso del aprendizaje'. En lugar de confiscar los aparatos, optaron por hacerlos inaccesibles sin quitárselos, usando un sistema de bolsas magnéticas típico de conciertos y teatros.

Los efectos fueron rápidos: los maestros reportaron mejoras en la atención y el rendimiento, y los estudiantes notaron el cambio fuera del aula. 'El recreo está buenísimo, ahora hablamos entre nosotros', resumió un alumno. Los patios volvieron a llenarse de ruido y juegos compartidos entre grados. La resistencia fue mínima: 'Odié la idea, pero solo me sentí así como una semana', confesó otro estudiante, quien ahora valora la comunicación con sus compañeros y maestros.

La experiencia de TCFL, un centro de Santo Domingo con modelo centrado en el estudiante y énfasis en el desarrollo socioemocional, se ha convertido en referencia nacional. La medida, que permite excepciones cuando un profesor lo requiere con fines educativos, fue adoptada por el Ministerio de Educación mediante una normativa firmada en mayo pasado. Para la región Sur, donde muchos centros carecen de recursos tecnológicos, esta experiencia demuestra que limitar el celular no requiere inversión costosa, sino voluntad de cambio y puede mejorar la convivencia escolar y el aprovechamiento académico en comunidades como Barahona, Azua o San Juan.

El debate global respalda la medida: estudios en escuelas de Birmingham, Leicester, Londres y Manchester, con más de 130,000 estudiantes, muestran mejoras significativas en calificaciones, especialmente en alumnos de bajo rendimiento. En República Dominicana, el 65% de los estudiantes se distrae con sus dispositivos en clases de matemáticas y el 59% por los aparatos de compañeros. La UNESCO advierte que la sola presencia del celular degrada la atención. En marzo de 2026, 114 sistemas educativos en el mundo (58% de países) ya restringen celulares en escuelas, frente al 24% en 2023. En América Latina, Bolivia y Costa Rica también han avanzado en esa dirección.

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