El origen humilde y familiar del músico resuena en las comunidades del Sur dominicano
En un paraje remoto de Cabrera, María Trinidad Sánchez, nació el amor de Krency García por el acordeón, un ejemplo de que el talento surge en cualquier rincón del país, incluso en los campos del Sur.
Antes de ganarse el apodo de El Prodigio, Krency García era solo un niño de Media Gorra, un paraje de Cabrera, provincia María Trinidad Sánchez. En su hogar, la güira, la tambora y el acordeón eran parte del paisaje diario, y su padre, un amante del merengue típico, sembró en él la semilla de una pasión que hoy define su vida.
Aunque el hecho ocurre en el Nordeste, la historia de Krency tiene un eco profundo en la región Sur, donde las raíces del merengue típico también son fuertes y donde muchas comunidades rurales valoran la tradición musical como patrimonio familiar.
Para los lectores de Barahona y el Sur, este relato subraya la importancia de preservar los sonidos autóctonos y de apoyar a los jóvenes talentos que, como Krency, encuentran en la música un camino de superación y orgullo comunitario.
La cotidianidad de su casa, con instrumentos al alcance, recuerda a muchos hogares sureños donde la música se transmite de padres a hijos, fortaleciendo la identidad cultural y el sentido de pertenencia.
Krency García es la prueba de que el talento no entiende de geografía: desde Media Gorra hasta los escenarios, su historia motiva a las nuevas generaciones del Sur a perseguir sus sueños sin perder sus raíces.



