Economia

La Altagracia turística e invisible

La Altagracia turística e invisible

Mientras el mundo reserva vuelos hacia las playas de Punta Cana y la alianza público-privada en el sector turístico celebra récords de ocupación, a pocos kilómetros de ahí, sobrevive la otra cara de la moneda: la provincia real, la invisible, la que se toma en consideración de manera muy limitada.

La Altagracia turística e invisible

Se estima que la provincia La Altagracia genera más de 5,000 millones de dólares anuales en ingresos turísticos.

Y al mismo tiempo figura entre las provincias con menor índice de desarrollo humano del país.

Ese dato no es un contrasentido.

Es una imputación.

Las razones son estructurales y variadas: Primero: el modelo turístico de bajo encadenamiento.

Un significativo volumen de las operaciones  comerciales hoteleras se realiza fuera de las fronteras de La Altagracia ;  la mayoría del personal operativo y técnico contratado proviene de otros litorales nacionales, el bajo nivel de cantidad y calidad del emprendimiento de la sociedad todavia arraigado en sus raíces culturales, etc.  El valor derramado hacia las comunidades locales es deficitario para la provincia.

Segundo: El Estado ausente.

Deuda historica con la provincia.

La inversión pública en salud, educación, formación, capital semilla e infraestructura, etc en La Altagracia ha sido históricamente inferior a su aportación fiscal.

La provincia pone los impuestos; otras se llevan los proyectos.

Tercero: Es cierto que el sector hotelero emplea miles de trabajadores formales; pero las oportunidades de ascenso son limitadas.  Los desarrolladores inmobiliarios, contratan mano de obra mayoritamente extranjera e irregular,  donde, por ejemplo,  los derechos laborales y la seguridad social brillan por su ausencia.   Las empresas, salvo honrosas excepciones como el Grupo Puntacana, aplauden la "responsabilidad social" y solo unas pocas la practican.

¿Qué debe hacerse? El gobierno tiene una deuda histórica específica: redirigir una proporción fija —no negociable— de los ingresos por turismo hacia salud primaria, educación técnica, saneamiento, movilidad, seguridad y ordenamiento en los municipios de la provincia.

Con veeduría y auditoría ciudadana.

El sector empresarial debe promover y apoyar con hechos, no mediante discursos, cadenas productivas locales reales.

El turismo sostenible no es un eslogan de marketing; es un modelo de negocio o no existe.

Las distintas fuerzas vivas altagracianas que conforman la sociedad civil de la provincia: Iglesias, juntas de vecinos, asociaciones profesionales, ONGs; tienen que hacerse sentir.

Deben exigir organizada y permanentemente, sin alteración del orden público, para no caer en la ilegalidad, el desorden y atentar contra lo que se ha logrado hasta ahora.

La Altagracia no necesita más folletos  estudios o planes de desarrollo .  Necesita justicia económica.

Y la diferencia entre ambas cosas es lo que las autoridades no quieren debatir para encontrar soluciones.

El desarrollo real trae consigo nuevas oportunidades , mejoría para todos y así se vive mejor.

La prosperidad que no se derrama , es simplemente, otro nombre en  el que se coexiste con el atraso..


El Biran

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