Política

Los dominicanos creen cada vez menos en los partidos políticos

Más de no se sienten identificados con los , un hallazgo de la última que apunta hacia un creciente y revela un fenómeno más complejo que el desgaste circunstancial de las organizaciones tradicionales.

La tendencia se ha acentuado en las últimas mediciones de.

En mayo, quienes no expresaban simpatía por ningún partido representaban y en julio aumentaron a 55.6 %.

La encuesta de agosto eleva el porcentaje a , un crecimiento de 6.1 puntos en apenas tres meses.

La no significa necesariamente desafección política.

Un ciudadano puede rechazar la identificación con unas siglas y, sin embargo, interesarse por los asuntos públicos, participar en campañas y acudir a las urnas.

La propia encuesta permite apreciar esa diferencia.

Aunque apenas reconoce simpatizar con algún partido, , y reúnen conjuntamente cuando se pregunta por cuál organización votaría si las elecciones presidenciales fueran hoy.

La indica que una proporción considerable del electorado está dispuesta a votar por organizaciones con las cuales no mantiene un vínculo de pertenencia.

Los partidos conservan , pero su resulta considerablemente menor.

Durante décadas, las fueron además de.

Ser reformista, perredeísta o peledeísta formaba parte muchas veces de la identidad personal y hasta familiar.

Existían locales activos, organismos intermedios, reuniones, formación política y militantes unidos por historias y lealtades que frecuentemente pasaban de una generación a otra.

Ese ha perdido vigor y parece ceder ante una y transaccional.

El ciudadano puede votar por una organización sin considerarse parte de ella, convirtiendo al partido cada vez más en una preferencia electoral y menos en espacio permanente de participación política.

Los números reflejan esa transformación.

El registra 17.9 % de simpatía, el 11.2 % y 7.8 %.

Cuando se pregunta por intención de voto partidario, sin embargo, alcanzan 29.1 %, 18.5 % y 20.5 %, respectivamente.

La encuesta no pregunta directamente las razones del desapego, por lo que cualquier explicación causal requiere interpretación.

Una de ellas puede encontrarse en el.

Las grandes organizaciones dominicanas compiten hoy mucho más alrededor de candidatos, desempeño gubernamental y capacidad para administrar el Estado que sobre claramente diferenciados.

Cuando las fronteras doctrinales se vuelven borrosas, disminuyen también los incentivos para construir una alrededor de unas siglas.

A ello se suma la , de militantes a.

Buena parte de aquella actividad cotidiana de comités, formación, discusión y organización social ha perdido importancia, mientras las estructuras cobran intensidad cuando se aproximan primarias, candidaturas y elecciones.

El corre así el riesgo de reducirse al momento en que se necesita su voto.

También pesa el.

Una parte creciente del electorado no vivió las grandes confrontaciones políticas del siglo XX ni desarrolló su identidad alrededor de , José Francisco Peña Gómez o Juan Bosch.

Las nuevas generaciones se informan, debaten y organizan crecientemente en , donde resulta más frecuente adherirse temporalmente a personas y causas que asumir fidelidades partidarias duraderas.

La desaparición de aquellos grandes liderazgos fundacionales dejó además por una historia compartida.

Las y posteriormente del fragmentaron identidades que durante décadas parecieron sólidas y demostraron que dirigentes y militancias podían desplazarse de unas siglas a otras.

El , las y la percepción de que el acceso a empleos, contratos y posiciones públicas ocupa un lugar importante en la pueden haber contribuido igualmente a convertir la relación política en otra meramente utilitaria.

Si dirigentes cambian de organización sin modificar sustancialmente sus posiciones, resulta más difícil pedir al ciudadano una fidelidad que una parte de la propia clase política no practica.

Surge entonces una.

Los partidos pueden estar perdiendo raíces sociales mientras mantienen una considerable gracias al , los cargos electivos, las posiciones gubernamentales y sus extensas estructuras territoriales.

Pueden hacerse más dependientes del Estado precisamente cuando la sociedad se hace menos dependiente de ellos.

La demuestra que semejante proceso no conduce necesariamente a la desaparición inmediata de los partidos.

experimentó una profunda erosión de las antiguas identificaciones antes de la fragmentación posterior de su sistema político, mientras ofrece un caso más extremo de organizaciones debilitadas y vehículos electorales de corta duración.

está lejos todavía de esos escenarios, pero la tendencia convoca atención.

El registrado por advierte sobre una y representación, aunque no demuestra aún una crisis terminal de los partidos.

Los continúan votando por las.

Lo que parece debilitarse es el vínculo que durante décadas convirtió al votante en partidario y al partido en algo más que una y repartir prebendas.

Tamaño de muestra: n = 1,200 Fecha trabajo: 8 al 11 de agosto del 2026 Nivel de confianza: 95 %.

El Biran

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