Nació en Higüey, fue primer rector de la Basílica de la Altagracia y arzobispo de Santiago
Monseñor Ramón Benito De La Rosa y Carpio, nacido el 19 de septiembre de 1939 en Los Ríos, Higüey, es una figura clave del catolicismo dominicano. Su vida de servicio incluye haber sido el primer rector de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia en 1971 y arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros entre 2003 y 2015.
Monseñor Ramón Benito De La Rosa y Carpio nació el 19 de septiembre de 1939 en Los Ríos, Higüey. A los 14 años, mientras buscaba unos muñequitos en una caja de su abuela, encontró un libro sobre la vida de Jesucristo. Esa lectura despertó una vocación que ha sostenido durante más de siete décadas. Ingresó al seminario en 1954 y fue ordenado sacerdote el 23 de enero de 1965 por monseñor Juan Félix Pepén.
Se formó en Santo Domingo, Roma, París y Bogotá, donde preparó una investigación doctoral sobre la teología de la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. En 1971 fue designado primer rector de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, conduciendo sus primeros años como gran santuario nacional y acompañando a miles de peregrinos. Para los higüeyanos, este vínculo tiene un valor muy especial, pues monseñor no solo nació en esa tierra, sino que ha dedicado parte esencial de su vida a estudiar, explicar y difundir la devoción altagraciana.
Fue fundador y primer rector del Seminario Menor San Pablo y posteriormente rector del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, dedicando 17 años a la formación sacerdotal. También sirvió a la Iglesia latinoamericana desde el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), donde trabajó en catequesis y educación, y ocupó la Secretaría General en 2003. El 6 de enero de 1989 recibió la ordenación episcopal de manos del papa san Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro. Fue obispo auxiliar de Santo Domingo, obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia y arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros desde 2003 hasta 2015.
Presidió la Conferencia del Episcopado Dominicano entre 2002 y 2008, participando en el diálogo sobre educación, institucionalizad, pobreza, familia, migración, justicia social y desarrollo. Ha publicado decenas de libros y ha mantenido presencia constante en prensa, radio, televisión y plataformas digitales, hablando de espiritualidad, ética, política, familia y valores con profundidad y sencillez. Incluso como arzobispo emérito, continúa escribiendo, orientando y evangelizando.



