

Renegociar la deuda externa, buscando menores tasas, plazos más largos y mejores condiciones para reducir la carga anual de intereses.
Nuestra política financiera será clara y responsable
Reducir el gasto corriente del Estado en un 20% y convertir ese ahorro en inversión productiva: agricultura, industria, infraestructura y tecnología.
Reducir la evasión fiscal en un 10% durante el primer año, fortaleciendo la administración tributaria sin crear nuevos impuestos.
Revisar y reducir subsidios y exenciones fiscales que no generen empleo, producción o bienestar social.
Combatir la corrupción para recuperar al menos un 10% adicional de los recursos públicos mediante auditorías, transparencia y persecución efectiva del fraude.
Ningún funcionario público ganará más que el Presidente de la República, estableciendo un principio de austeridad y equidad en el Estado.
Solo si estas medidas resultan insuficientes, recurriremos a financiamiento adicional exclusivamente para inversión productiva, de manera que cada peso prestado genere la riqueza necesaria para pagarse a sí mismo y dejar beneficios permanentes al país.
Nuestra política resume una filosofía muy distinta a la del endeudamiento para gasto corriente: «Nunca tomaremos préstamos para pagar gastos corrientes o intereses.
Si el país se endeuda, será únicamente para crear riqueza que permita pagar esa deuda y dejar un patrimonio a las futuras generaciones».
Por Ramón Leonardo.



