

La arquitectura dominicana despide a uno de sus pilares más singulares con el fallecimiento del arquitecto Francisco Manuel Batista Bisonó ( Cuqui) , a los 101 años de edad.
Cuqui Batista: la última entrevista del genio de la arquitectura que desafió el
Dejó tras de sí no solo un catálogo de obras emblemáticas, sino el recuerdo de una mente lúcida, pragmática y con un sentido del humor afilado que se mantuvo intacto hasta el final de sus días.
Con una vitalidad que desafiaba su centenaria cédula.
“ Yo no creo que tengo más de 20 años , para mí es la misma cosa”, dijo en su última entrevista con el Ateneo Amante de la Luz.
Batista repasó los hitos de una carrera construida a base de soluciones audaces, rechazo a la burocracia y una inquebrantable fidelidad a su tierra.
El peso del éxito y el refugio en Santiago Los inicios de Cuqui Batista en Santo Domingo estuvieron marcados por un ascenso vertiginoso que despertó tantas admiraciones como recelos.
Hacia finales de la década de 1950, su firma se había convertido en la preferida para los proyectos de envergadura.
“Todo el que llevaba un proyecto a Trujillo…
lo hacía yo”, recordaba Batista.
Aquella centralización del trabajo le acarreó serias amenazas de competidores locales en los años 1958 y 1959.
Para protegerse, decidió emigrar temporalmente a Canadá durante seis meses, una experiencia que consolidó su perspectiva sobre la identidad y el arraigo: “Allá vi que ningún latino puede estar viviendo fuera de su país.
Como latino también lo marginan…
Así que vi que había que vivir en su país”.
Tras esa conclusión, regresó para asentarse definitivamente en Santiago de los Caballeros, donde continuó su ejercicio profesional.
Ingeniería por accidente: Los techos de La Victoria Una de las anécdotas más reveladoras de su ingenio técnico ocurrió durante la construcción de la Penitenciaría Nacional de La Victoria , un proyecto asignado originalmente al ingeniero Bonelly García.
En 2024 el arquitecto Batista compartió con Listín Diario su experiencia en torno al diseño de la cárcel.
“A Bonelly le dieron un plano hecho por unos militares para que los construyera, y él me preguntó qué tú crees de ese plano.
Yo le dije que le faltaban baños y las juntas, porque con esa cantidad de baños los reos no podrían permanecer por mucho tiempo presos, habían muy pocos baños para tanta gente”, explicó Batista.
La Victoria estaba diseñada para alojar 978 hombres y 188 mujeres, esta última área contaba con un patio aislado y servicios independientes.
La cárcel de La Victoria fue construida con una inversión de 915,000 pesos; 750,000 fueron destinados a su construcción y RD$165,000 al equipamiento de los 4 talleres que tenía “Pero a él (Bonelly) le pidieron que generara una solución de construcción que no aumentara el presupuesto, ya que Trujillo había dicho que no se podía gastar ni un peso más del que se había previsto, y de no acatarlo los constructores podían ser apresados”, afirmó Batista.
“La solución que yo le di fue quitarle la viga y crearle la bóveda en los techos de los salones, que era más económica, pero se hacía todo lo necesario; él quedó bien y no se quejó de que perdió dinero”, explica.
Bellas Artes y la estética de la supresión El vínculo de Batista con edificaciones institucionales emblemáticas, como el Palacio de Bellas Artes, se tejió a través de su colaboración con Pepe Bonilla en una iniciativa gubernamental para el diseño de escuelas públicas.
La casa que se construyó en poca más de un mes Su filosofía de diseño quedó plasmada en una casa que simplificaba los procesos constructivos eliminando elementos superfluos para acelerar los tiempos de ejecución.
“A mi me pidieron hacer una casa rápida y para poder hacerla no tiene pañete, no tiene ventana, no tiene vigas, no tiene dinteles”, logró demostrar que era posible entregar obras funcionales en plazos mínimos, como una vivienda que edificó en apenas un mes y una semana.
Su último proyecto A pesar de haber cumplido un siglo de vida, Batista se mantuvo activo y con la mirada puesta en el futuro de la arquitectura global.
Hasta sus últimos meses, trabajó en el desarrollo de una propuesta residencial y estructural diseñada para responder a las demandas sísmicas de Japón, inspirada en la conferencia de un especialista japonés que visitó el país años atrás.
Su proyecto se basa en una estructura completamente cúbica y simétrica que introduce variables clave para la evacuación masiva.
“Tengo ese edificio cubo a sísmico, que vamos a tratar de presentárselo a los japoneses”, explicaba con el entusiasmo de un profesional que consideraba que su obra cumbre aún estaba por materializarse.
Desapego a los honores y un legado en papel A lo largo de su trayectoria, Cuqui Batista recibió los máximos galardones del gremio de la arquitectura y de la sociedad civil, incluyendo el Premio Pro Arte Nacional del Ateneo Amantes de la Luz, la dedicatoria de la Bienal de Arquitectura y un doctorado honoris causa por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), pero nada logro cambiar la humildad y el buen humor que lo caracterizaba.
“Yo quiero que me recuerden como un hombre que siempre trató de aportar a su país y mejorar la arquitectura”, contaba con entusiasmo.
Su verdadera preocupación radicaba en la formación de las nuevas generaciones, argumentando con frecuencia la necesidad de mejorar los métodos de enseñanza de la disciplina.
Al momento de su partida, Batista dejó un archivo compuesto por decenas de carpetas, planos y manuscritos organizados en su residencia, con material suficiente para la publicación de trece libros que abarcan desde anotaciones técnicas hasta poesía.
Con su fallecimiento, el urbanismo dominicano pierde a un técnico riguroso y a un creador que demostró que la pasión por el espacio habitable no conoce límites cronológicos.
Cuqui Batista falleció el 7 de julio a sus 101 años , y fue enterrado el miércoles 8 en la tarde.
A sus honras acudieron amigos, familiares, arquitectos, líderes políticos y destacadas figuras del país.
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