
El debate político dominicano se encuentra en un punto de ebullición debido a las recientes proyecciones estadísticas que circulan en el panorama nacional. De cara al escenario electoral de 2028, mediciones de firmas respetadas como ACD Media han encendido los tableros analíticos al registrar la irrupción de corrientes alternativas que marcan un 6.3 % de la intención de voto presidencial para figuras como Santiago Matías.
Este porcentaje sitúa momentáneamente a la figura digital por encima de liderazgos tradicionales consolidados como Carolina Mejía (3.5 %), Guido Gómez Mazara (1.0 %) o la propia vicepresidenta Raquel Peña (0.5 %). Paralelamente, su proyecto de organización, denominado «Dominicanos Primero», registra un 3.6 % de preferencia electoral. En la ciencia política contemporánea nunca hay adversarios pequeños ni débiles, y subestimar los números es un error táctico. Sin embargo, analizar este fenómeno con madurez obliga a separar la realidad de la ilusión: el outsider mediático que asoma en la República Dominicana dista mucho de ser una alternativa real de poder capaz de sustituir a la actual clase política.
A diferencia de los fenómenos disruptivos que han transformado a otros países del continente, la figura emergente local no cuenta con la estructura ni la naturaleza jurídica para desplazar el orden institucional. Este proyecto encuentra su base de apoyo principal en un segmento barrial y ligado a la cultura del reguetón; una masa de simpatizantes de plataformas digitales que, en una alta proporción, carece incluso de la debida documentación de identidad y electoral como la cédula por limitaciones en su estatus jurídico-electoral.
Ante este panorama, es evidente que este elemento no recibirá el respaldo de la clase empresarial dominicana, un sector maduro que prioriza la estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y la certidumbre institucional antes de arriesgar el destino del aparato productivo nacional.
El muro legal: Constitución y Ley 33-18
Construir una opción de poder real en la República Dominicana requiere mucho más que interacciones en las plataformas digitales. El ordenamiento jurídico local exige requisitos estrictos que no se superan con el simple entusiasmo masivo de un grupo de simpatizantes. El Artículo 47 de la Constitución de la República consagra el libre derecho de asociación, pero lo sujeta al cumplimiento de las leyes del Estado. Es aquí donde la Ley No. 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos levanta un muro técnico infranqueable para la improvisación.
De acuerdo con la Ley 33-18, para que un proyecto como «Dominicanos Primero» obtenga el reconocimiento legal definitivo de la Junta Central Electoral (JCE), se necesita cumplir rigurosamente con una estructura organizativa formal en los ámbitos nacional, provisional y municipal. Esto incluye la recolección y posterior validación del 2 % de firmas del electorado de los últimos comicios, el establecimiento de locales físicos operativos y una planificación presupuestaria transparente. Sin una militancia formalizada y documentada con cédula de identidad, la conversión de seguidores digitales en firmas válidas y votos concurrentes se convierte en un imposible técnico.
La brecha académica: El verdadero perfil de los líderes emergentes
El error más común de los analistas locales consiste en trazar falsas equivalencias entre el fenómeno digital dominicano y los líderes que han roto esquemas en la geografía latinoamericana. Al examinar el espejo de la región, queda claro que aquellos que lograron conquistar el Estado desde fuera del sistema tradicional no lo hicieron desde la improvisación, sino con un notable respaldo técnico, intelectual y una sólida preparación académica previa:
- Colombia: El reciente ascenso a la presidencia de Abelardo de la Espriella no fue un accidente mediático. Se trata de un abogado litigante con una trayectoria profesional brillante y un profundo dominio técnico del marco jurídico del Estado colombiano.
- Argentina: El presidente Javier Milei irrumpió como un outsider económico, pero sustentado por su título de Licenciado en Economía por la Universidad de Belgrano, además de poseer estudios de posgrado en Teoría Económica (IDES) y Economía (Universidad Torcuato Di Tella). Su propuesta se debatió en el terreno académico antes de llegar a las urnas.
- Ecuador: El mandatario Daniel Noboa personifica la combinación de preparación ejecutiva e institucional. Es graduado en Administración de Empresas por la prestigiosa NYU Stern School of Business, con maestrías en Kellogg School of Management, Harvard Kennedy School y la Universidad George Washington. Su perfil responde enteramente a los estándares de la alta gerencia y la business class.
- El Salvador: El presidente Nayib Bukele, si bien inició su carrera en el sector privado y la publicidad, acumuló años de experiencia de Estado gobernando municipios clave antes de asumir la presidencia de la República, respaldando su gestión con un riguroso enfoque en la planificación estratégica y la transformación de políticas públicas.
El llamado de atención: Robustecer las bases tradicionales
La gran lección que los partidos políticos tradicionales dominicanos —incluyendo las fuerzas mayoritarias— debemos extraer de estos datos de ACD Media no es el miedo al cambio, sino la urgencia de dar un giro de 180 grados a las formas y maneras de hacer política. No caigamos en la ilusión de que el sistema está blindado por defecto. La mejor vacuna contra la improvisación estatal es la reconexión profunda con nuestras propias estructuras.
Los partidos están llamados a enfocarse de manera decidida en sus dirigentes comunitarios, sus militantes locales y aquellos cuadros políticos que buscan el voto en el terreno día a día antes y durante los certámenes electorales. La salud de nuestra democracia se protege dignificando a quienes mueven la maquinaria democrática real. La República Dominicana requiere de propuestas fundamentadas, experiencia de Estado y madurez. En la medida en que las organizaciones tradicionales fortalezcan su vida interna, capaciten a sus cuadros y gobiernen de cara a las necesidades de la gente, cerraremos cualquier espacio a corrientes que pretendan dirigir los destinos nacionales sin la debida capacidad y responsabilidad institucional.
Por Williams Reynoso Sánchez



