

El hipismo es uno de mis deportes favoritos, pero cuando recomiendo a cualquier cinéfilo como yo ver la película “Seabiscuit”, con su título en español “Alma de héroes”, le sugiero no prejuiciarse pensando que tan solo verá un filme sobre carreras de caballos.
Alma de héroe desde el poder
La película realmente sí se basa en la historia de un caballo díscolo, pequeño y menospreciado, pero que llegó a convertirse en un exitoso purasangre y terminó insuflando esperanza a la mayoría de los estadounidenses en medio de “La Gran Depresión”.
La Gran Depresión fue una grave crisis económica mundial que tuvo lugar entre 1929 y 1939.
Se inició en Estados Unidos y se caracterizó por altas tasas de desempleo y pobreza, drásticas reducciones en la producción industrial y el comercio internacional, además de quiebras generalizadas de bancos y empresas en todo el mundo.
En medio de ese devastador panorama económico, el potro Seabiscuit termina entrelazando las vidas de Charles Howard (Jeff Bridges), un empresario abrumado por la quiebra de su negocio; Johnny Red (Tobey Maguire), un jinete frustrado que fue dado en adopción por sus padres para asegurarle un mejor futuro en medio de la crisis, y Tom Smith (Chris Cooper), un entrenador de caballos sin hogar a quien nadie ya se anima a contratar por sus fracasos en ese oficio.
El filme dirigido por Gary Ross y estrenado el 25 de julio de 2003, está basado en el libro “Seabiscuit: An American Legend” (Seabiscuit, más allá de la leyenda), de la escritora Laura Hillenbrand, quien pasaba mucho tiempo de su niñez montando a caballo en la granja de su padre Bernard Francis Hillenbrand, en Maryland, Estados Unidos.
En la edición 76 de los Premios Oscar, Seabiscuit recibió siete nominaciones, incluida Mejor Película, pero perdió las siete postulaciones, incluidas seis frente a “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey”.
En el poder, los partidos políticos incurren en los mismos errores que tanto criticaron en la oposición.
EXTERNA En medio de “La Gran Depresión”, Charles Howard se da la oportunidad a sí mismo porque hasta perdió a su hijo en un accidente durante la crisis, pero también forma su equipo con tres rechazados que tan solo anhelaban oportunidades.
Pudo elegir el camino más fácil conformando un equipo experimentado de triunfadores, pero prefirió comprar un corcel rebelde e inmanejable, contratar a un jinete con una lesión en el ojo izquierdo por los golpes recibidos tratando de ganarse la vida en el boxeo y a un entrenador del que se mofaban por su fama de perdedor.
En medio de La Gran Depresión, el presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover (1929-1933), se fue por el camino fácil para manejar la crisis.
En 1930 firmó la Ley Arancelaria Smoot-Hawley que terminó empeorando la situación económica del país.
Su desacertado manejo de la crisis provocó también que sufriera una aplastante derrota en las elecciones presidenciales de 1932, en las que enfrentó al demócrata Franklin Delano Roosevelt, quien a partir de 1933 impulsó su promesa de campaña denominada “New Deal” (Nuevo Pacto).
Roosevelt ejecutó una serie de reformas políticas, sociales y económicas; aplicó ambiciosos programas para brindar asistencia a desempleados y agricultores, además invirtió cuantiosos recursos en obras públicas a gran escala, como presas, puentes, hospitales y escuelas.
Con un gasto focalizado hacia los sectores que realmente lo necesitaban y la construcción de obras de infraestructuras, Roosevelt logró reactivar la economía estadounidense y mitigar los efectos de la crisis.
El resultado fue que Roosevelt ocupó la presidencia de Estados Unidos desde 1933 hasta su muerte en 1945.
Ha sido el presidente estadounidense que más tiempo ha estado en el cargo y el único que ha ejercido más de dos mandatos.
Con el actual paquete fiscal propuesto la semana pasada al Congreso Nacional por el gobierno del presidente Luis Abinader, recordé el contexto en que se da la película Seabiscuit, un largometraje que va más allá de las carreras de caballos.
En medio de una crisis económica que generó tanta desilusión, frustraciones y ante un futuro que se vislumbraba incierto, tres hombres golpeados por el destino convierten a un caballo en símbolo de la recuperación y el optimismo.
Pero no eligieron el camino fácil.
Hoover tomó el rumbo menos complicado.
Ahora lo recuerdan como el 31 presidente de Estados Unidos y un mandatario cuyas políticas desacertadas agravaron la crisis generada por La Gran Depresión.
Roosevelt no se fue por el camino fácil y hoy es más que un simple número.
Se le recuerda como uno de los mejores presidentes en la historia de Estados Unidos.
Conversaba la semana pasada con un amigo y colega sobre el propuesto paquete fiscal del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y llegamos a la conclusión de que las organizaciones políticas solo hay que dejarlas gobernar para que fracasen.
El pueblo, salvo la poblada de abril en el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986), nunca ha hecho nada que aporte a sus derrotas en el manejo del tren gubernamental.
Los propios partidos, con sus decisiones desacertadas, terminan afilando el cuchillo para su garganta y cavando su propia tumba política.
Otro colega me reflexionó que los dirigentes políticos son excelentes críticos en la oposición, pero cuando logran el poder parece que entran en un camino sin salida.
Una verdad de Perogrullo, porque en la oposición tocan magistralmente la guitarra, pero en el ejercicio del poder se tornan desafinados con el violín, olvidando todo lo que prometieron corregir y no repetir.
Seabiscuit era un caballo díscolo, pequeño y menospreciado, pero llegó a convertirse en un exitoso purasangre.
EXTERNA En el poder incurren en los mismos errores que tanto criticaron en la oposición.
Por esa razón, el escenario actual con el paquete fiscal parece en ese sentido una postalita repetida.
Y lo peor no es que a esos políticos les pase como al cantante Julio Iglesias, quien en un tema musical popularizado en la década de los 80 del siglo pasado, admitió que “tropezó de nuevo y con la misma piedra”.
Y hay un remate que nos deja la canción, muy similar a nuestros partidos políticos desafinados en el ejercicio del poder: “En cuestión de amores nunca aprenderé”.
Porque cuánto saben los políticos en la oposición y cómo dominan con tanto acierto todo lo que se requiere para concretizar los anhelos de desarrollo y bienestar de la población.
Pero en el ejercicio del poder parece que nunca aprenderán y, siguen tropezando, como Julio Iglesias, con la misma piedra y hasta con el mismo pie.
Seabiscuit, un potro inicialmente pequeño, perezoso e indomable, llegó a derrotar a War Admiral, granador de la triple corona del hipismo estadounidense.
Roosevelt terminó en sillas de ruedas por la poliomielitis, pero se le recuerda como un presidente que se ganó la confianza de los estadounidenses en medio de una crisis devastadora.
La diferencia de terminar con una trayectoria mediocre o de ser recordado por tener alma de héroes.
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