El pasado domingo 24, bajo el auspicio del Listín Diario, fue realizado en Los Alcarrizos el primer “Diálogo para la Convivencia Barrial”, una iniciativa propuesta por Listín en su editorial del 13 de mayo, que busca “articular una estructura de mediación entre el barrio y la autoridad, para ir fortaleciendo una cultura de resolución pacífica de conflictos y atención oportuna a las necesidades de esos vecindarios”.
Diagnósticos, estudios y estadísticas coinciden en señalar un aumento de la conflictividad social, y en cómo –muchas veces–, altercados que terminan en violencia o tragedia, tienen como origen una violación a una norma básica de convivencia; una transgresión del orden social que no sólo se encuentra tipificada y prevista en la ley correspondiente (aparcar sobre una acera, bloquear una marquesina, escuchar música a alto volumen, ocupar vías públicas, etc.), sino que el más elemental sentido común indica como algo básico que, sin embargo, es vulnerado.
En el fondo de todo problema, subyace la quiebra del pacto ciudadano que sostiene la armazón social.
El contrato social que señalaba Rousseau no es un constructo de La Ilustración, es una forma articulada de representar de manera textual los acuerdos subconscientes e invisibles que los seres humanos han venido haciendo desde que decidieron hacer vida colectiva, desde que decidieron vivir en sociedad.
“El respeto al derecho ajeno es la paz”, decía Benito Juárez, y detrás de cada conflicto existe eso.
Un desconocimiento y violación del derecho del otro a vivir en paz; una inobservancia del primer mandamiento que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
En cierta forma, todos alguna vez le hemos fallado al prójimo, y es hora de reconectar con la esencia cristiana y solidaria del dominicano.
Es hora de reconstruir los cimientos de una gobernabilidad en peligro, de volver a dialogar, entendernos, llegar a acuerdos y respetarlos.
Muchos son los problemas de los barrios y la mayoría son de larga data.
Se trata de conectar las necesidades de la ciudadanía con la capacidad del Estado de resolverlas; de crear puentes de entendimiento; de hacer coincidir las demandas de la gente con las instancias estatales capaces y responsables de resolverlas, no desde la crítica reactiva, si no desde la gestión activa y propositiva.
Este primer ejercicio en Los Alcarrizos contó con la presencia de autoridades del gobierno central, el Ministerio Público, el Defensor del Pueblo, el CODUE, Condonbosco, y la participación de líderes comunitarios, autoridades locales y ciudadanos empoderados.
Lejos de ser una respuesta al abandono del Estado, es un llamado y una reiteración de la importancia de su rol principal en el proceso de conducción de la sociedad.
Este primer diálogo no es un desahogo, es un comienzo, porque cuando la gente se organiza y se pone de acuerdo en pequeñas cosas, ocurren grandes cosas.
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