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Backrooms: Sin Salida

¿Qué tan divertido sería adentrarse a una dimensión alterna fuera de la realidad normal mientras se pone a prueba el grado de manipulación mental por aguantar del jugador? La cultura del internet continúa expandiéndose a múltiples formatos y la industria cinematográfica no ha rechazado la nueva oferta.

Backrooms: Sin Salida, es una película que adapta en la pantalla grande el fenómeno de los espacios liminales.

Se trata de un universo de terror surgido en internet, el cual se ha ido construyendo a lo largo de los años gracias a los relatos, imágenes y videos compartidos por la comunidad en la red, operando como un universo independiente que atrapa a los viajeros y desafía desde el paso del tiempo hasta la física convencional.

Como adaptación de un formato nacido en la red hacia la pantalla grande, la obra dirigida por Kane Parsons es excelente para quienes ya conocen el concepto.

Sin embargo, para el espectador casual que se presenta en la sala de cine esperando ver una película de terror tradicional, la experiencia puede resultar muy confusa.

Quienes asistan sin haber estudiado el tema previamente no la van a entender.

Backrooms: el fenómeno de internet llega al cine

El guion es casi inexistente.

La estructura de la cinta se asemeja mucho más a la dinámica de un videojuego que a la de una película propiamente dicha.

Es cierto que hay personajes a los que les suceden cosas, pero tanto ellos como el desarrollo de la trama pasan a un segundo plano.

El primer plano, el verdadero y único protagonista, es la presentación de los Backrooms y su infinidad de niveles.

Dentro de este laberinto se encuentra Clark, un hombre estancado en una crisis vital que descubre el acceso a esta dimensión en el sótano de su lugar de trabajo.

Adaptación fiel para fano, confusa para novatos

Al reclutar a sus empleados para documentar el sitio, la película muestra cómo los Backrooms corrompen la mente humana.

Más tarde, la llegada de la Dra.

Mary Kline al lugar revela la teoría central de la historia, planteando que esta infinidad de niveles son en realidad manifestaciones de recuerdos corrompidos que se degradan con el tiempo.

Mary es perseguida por un gigantesco pirata, una criatura que es la encarnación literal de la ira reprimida y la toxicidad de Clark, demostrando cómo una persona puede ser consumida por su propio lado oscuro.

Vivimos en una época en la que la gente se ha desensibilizado.

Un guion ausente y estructura de videojuego

Al tener acceso constante a internet, la persona promedio consume toda clase de contenidos extremos que resultan en que los monstruos del cine tradicional, como los payasos, Ghostface y demás, ya no produzcan el mismo nivel de terror de hace unos años.

Backrooms: Sin Salida sirve como ejemplo de la evolución hacia el terror psicológico.

El filme juega constantemente con la mente del espectador a través de la arquitectura de los espacios, el zumbido de las luces fluorescentes y la manera en la que los objetos están ordenados en las habitaciones, mostrando muebles apilados o estructuras fuera de lugar.

Un backroom es un no-lugar donde lógicamente no tendrías por qué asustarte, pero automáticamente, cuando tu cerebro identifica que algo se ve distinto a lo que conoces, acaba distorsionando la realidad e invadiéndote de temor.

La película culmina confirmando que si no enfrentamos nuestros propios traumas, estos terminan convirtiéndose en espacios sin salida.

Los Backrooms como espejo de la mente humana

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