

No hay forma humana posible de resarcir el dolor de las familias que perdieron seres queridos en la tragedia del Jet Set.
Jet Set, a fondo
La justicia de los hombres es insuficiente para que los sobrevivientes del derrumbe, familiares de las 236 personas fallecidas y los 179 huérfanos, puedan encontrar la paz que merecen, porque sólo el amor de Dios y su infinita misericordia puede hacer brotar, aun en el corazón más lastimado, la semilla de la esperanza y la redención.
Ayer, el Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional dictó “apertura a juicio contra los hermanos Espaillat, por violación a los Artículos 319 y 320 del Código Penal Dominicano”.
El Ministerio Público lo celebró con nota de prensa y todo, y tenía motivos para hacerlo, pues el tribunal acogió íntegramente su acusación, la cual había sido endosada por "42 de los 54 querellantes [reseña la nota] que se adquirieron a la acusación del Ministerio Público”.
Para los familiares de las víctimas, supervivientes, e incluso para la sociedad misma, lejos de celebrar y caer en el autobombo, el auto constituye una derrota moral y un balde de agua fría sobre quienes aspiraban otra decisión, por no decir, un balde de otra cosa… Y es que el Jet Set no es “un caso”, es una tragedia nacional que no puede ser vista con el prisma aséptico de los tecnicismos jurídicos y los malabarismos procesales.
No.
La tragedia del Jet Set fue una conmoción que sacudió la conciencia de toda la sociedad, y, a medida que afloran los detalles sobre situaciones previas al colapso, o el manejo ex post, la indignación crece y la desconfianza en el sistema de justicia aumenta.
Y es que, en el caso Jet Set, el silencio y complicidad de los políticos y empresarios haría sonrojar de la vergüenza a cualquiera que tenga algo de decencia.
En buen derecho, el resultado final es predecible.
La calificación jurídica de homicidio involuntario fue acogida y la sanción máxima posible está ahí.
Para los imputados, un día en la cárcel es toda una vida; para los querellantes, deudos y familiares de las víctimas, toda la vida tras las rejas sería insuficiente.
¿Dónde termina la justicia de los hombres y dónde comienza la justicia de Dios? Se mire por donde se mire, se juzgue lo que se juzgue, se escuche a quien se escuche o se hagan 200 peritajes, el máximo de pena posible no traerá paz a quienes no pueden aceptar menos que lo que consideran como justo.
En el caso Jet Set, la propia justicia está siendo llevada a juicio.
No hay forma de que, independientemente del fallo final, todos los querellantes estén conformes.
Podemos celebrar como sociedad que el caso va a juicio de fondo; que, a pesar de su complejidad y la consuetudinaria lentitud de la justicia dominicana, avanza rápido; pero, al final, la justicia que muchos obtendrán no se corresponderá con lo que entienden como justo, ni será lo que su corazón anhela…
y merecen.
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